Cierre. A falta del partido de Soria, en la Isla vamos dando por terminada la temporada. De hecho, hace tiempo que sentimos la necesidad de poner cerrojo a una campaña decepcionante en casi todos los aspectos. Fue hace más o menos un año cuando el presidente Concepción alteró el equilibrio en la entidad retocando su organigrama deportivo. Se sembraron entonces las semillas de los mil y un desastres que llegaron después. Vengo escribiendo en las últimas columnas que será difícil revivir otra temporada con tantos y tan disparatados sucesos. Ahora además puede añadirse que será igual de complicado que en futuras ocasiones el club vuelva a salir ileso de tanta patochada. Pocas veces el fútbol es generoso con los que se equivocan de una manera tan escandalosa.
Cervera. Más que por las olvidables vicisitudes deportivas, la temporada será recordada por el cerverismo y el anticerverismo. El ex entrenador no se caracterizaba por su carácter conciliador y la Isla es territorio abonado para disputas y atrincheramientos. En este contexto era de esperar que un mal inicio de resultados desatara hostilidades entre partidarios y defensores que terminaron convirtiendo el entorno en zona de guerra. No podemos culpar a Cervera de la radicalidad del ambiente ni de los excesos de sus seguidores más cerriles. Sí podemos, en cambio, imputarle la pésima construcción de la plantilla y una insuficiente cintura para gestionar los conflictos. Más allá de los gustos estilísticos, Álvaro entra en la historia del Tenerife por el número de partidos dirigidos. Le recordaremos como un gran técnico en lo táctico que no supo manejarse en ambientes complicados.
Agné. Los que le reivindican, apelan a la salvación del equipo como su mérito. Los que no lo hacen, cuestionan su influencia, especialmente en los últimos resultados. Agné aterrizó en la Isla en plena crisis de fútbol y fue capaz, aunque no inmediatamente, de provocar la reacción necesaria para que volviéramos a ver la luz. Debe reconocérsele que salvo en contadas ocasiones no empeoró las facetas que el equipo ya venía dominando y supo rectificar levemente algunas carencias. En su debe hay que apuntar no obstante que en ningún momento imprimió un sello estilístico reconocible a su juego. Meses después de su llegada seguimos sin conocer cuál es el fútbol de Agné y lo que podríamos esperar de él si continuara. Eso y cierto runrún procedente del vestuario aconsejaría darle las gracias y continuar sin él.
Jugadores. El fútbol es de los futbolistas y esta temporada en el Tenerife lo ha sido más que nunca. Pese a los numerosos obstáculos y dificultades el equipo nunca se desenganchó de la competición, mostrando un compromiso que merece ser subrayado. Es poco frecuente encontrar un grupo de jugadores que llegado el momento siga sintiéndose responsable de la marcha de un equipo. No debe ser casualidad que en el núcleo duro del vestuario haya futbolistas como Vitolo o Suso, unidos al club por vínculos que trascienden lo profesional. Cuando la gente discute las ventajas del fútbol de cantera olvida la importancia de contar con jugadores involucrados a todos los niveles con el escudo que defienden. Quizás eso, junto a la evidencia, otro año más, de que filial puede proveer de suficientes jugadores con nivel invite a reflexionar sobre el modelo que le conviene a la entidad a partir de ahora.