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Tenerife, capital del baloncesto mundial

Redacción Deporpress | La Copa del Mundo femenina de baloncesto arrancó este sábado pasado en Tenerife, y la isla respondió con un sobresaliente al evento que focaliza ahora el deporte de la canasta a nivel mundial.
Tanto Santa Cruz de Tenerife (Quico Cabrera) como San Cristóbal de La Laguna (Santiago Martín) han demostrado estar a la altura de un evento que reúne a las 16 mejores selecciones nacionales de todo el planeta, y que congregará jugadoras, aficiones y medios de comunicación desde Australia hasta Letonia, pasando por Estados Unidos, Canadá, Puerto Rico, Argentina, Japón, China, Corea, Francia, Bélgica, Grecia, Turquía, Senegal, Nigeria y por supuesto, España.
Más de 200 periodistas acreditados de estos países, y alguno más que no está en la lista, cubren una Copa del Mundo que puede verse en casi todo el planeta, con la señal de televisión vendida a 175 naciones y la señal en directo de la FIBA para el resto del globo.
Este lunes es jornada de descanso, regresando mañana martes la competición con una jornada que aclarará qué cuatro selecciones esperarán a sus rivales de cuartos de final, que saldrán de los cuatro equipos que se impongan en los cruces entre las selecciones que finalizan en segunda y tercera posición de cada uno de los cuatro grupos. Para los últimos clasificados de cada uno de ellos, será su último día en la isla.
Al margen de lo que se puede ver tanto in situ en ambos pabellones, como a través de la televisión, y que es lo que más importa, la pasión del baloncesto en cada partido, estos días nos han permitido descubrir a una Bélgica en auge en su primera clasificación para una Copa del Mundo. Las otras novatas, Puerto Rico y Letonia, no han podido ganar todavía y podrían volver a casa en la última jornada.
El baloncesto ha sido injusto con las letonas, que han pagado su inexperiencia mundial, cayendo ante China por solo tres puntos y al día siguiente por uno ante Senegal teniendo la última posesión para ganar. Por cierto, ese partido, para mí el más emotivo hasta la fecha (70-69) y el más luchado hasta en la grada, donde el contraste entre las aficiones africana y europea del este demostró que el baloncesto rompió hace mucho tiempo cualquier barrera geográfica.
Me quedo con el llanto desconsolado de Elina Dikaioulaku, que falló ese tiro ganador, en el túnel de vestuarios mientras la delegación senegalesa le aplaudía, a ella y a sus compañeras, a la salida del pabellón, de los cánticos y bailes de las argentinas antes de cada partido y, a pesar de caer de 26 y 31 puntos ante Turquía y Australia, no perder la sonrisa, o de Evanthia Maltsi, la griega, tan crítica consigo misma y sus compañeras tras ser arrolladas por Canadá de 31 y ser capaz después de lograr de meter 28 puntos y, aunque perder ante una de las grandes favoritas, Francia, decirme que esa es la Grecia que todos esperan y la que deben ver ante Corea para seguir adelante.
En otro mundo parece que están las selecciones asiáticas. China tiene un gran nivel y Japón puede dar un susto a cualquiera, pero estas y Corea llaman la atención por su comportamiento, educación, respeto… y silencio. Tanto en las llegadas, como dentro de los vestuarios y en el trato posterior a cada partido te das cuenta del cambio cultural y de lo mucho que deberíamos aprender en ciertas cosas. Lo que tiene que decir lo dicen en la pista.
Y, por último, España. Aunque a las chicas de Lucas Mondelo les ha costado arrancar en cada partido, han demostrado con dos victorias solventes que están más que capacitadas para pelear por una medalla, que en teoría debería de ser la plata o el bronce, porque las estadounidenses siguen demostrando, aun jugando a medio gas, que están a otro nivel. Francia, Australia, Canadá, China serán las grandes rivales de las nuestras; tres se quedarán fuera del podio.