Por @juanjo_ramos
Hace unas semanas mantuve un acalorado debate con mi amigo Loren Dorta sobre las causas del mal inicio de temporada del CD Tenerife. Sin entrar en detalles, él defendía la falta de confianza como clave para generar el momento de duda previo al partido con el Reus que desembocó en la destitución de Joseba Etxeberria. Yo, sin negar la existencia de esa falta de confianza, consideraba que se había llegado a ese punto por los desajustes tácticos de un equipo cuyo funcionamiento colectivo dejaba bastante que desear.
La cosa nos llevó en una especie de pregunta sobre qué fue primero, si el huevo o la gallina. El caso es que a aquel equipo le faltaban las dos cosas. Y al actual Tenerife, que es el mismo pero con distinto jefe e idea de juego, también.
José Luis Oltra ha querido dar la vuelta como un calcetín al fútbol del equipo, que ya no salta siempre a la presión y ha dado un paso atrás para recuperar desde la solidez, tratando de acercar las ayudas y sufrir menos en los balances defensivos. Con balón ha olvidado las transiciones rápidas como obligación para no rehuir las posesiones largas y madurar más sus jugadas.
Como quiera que la transformación no es instantánea ni sencilla, el resultado, en este momento, es un cacao que se plasmó en el desastre de Son Moix. Es muy probable que el valenciano acabe consiguiendo que este equipo funcione bien y gane muchos partidos. Puede que tenga incluso que renunciar al dibujo táctico con el que pretende conseguirlo, ese 5-4-1 al que sus futbolistas no acaban de coger el punto.
Pero quizás nos encontremos aquí con la falta de confianza como principal escollo. La idea hay que entrenarla hasta que el bloque la interiorice como tal y se sienta cómodo desarrollándola sobre el terreno de juego. Pero no es menos cierto que hacen falta buenos resultados para que crezcan el atrevimiento y la confianza. Es eso lo que te hace mejorar como equipo.
En este momento hay muchas dudas. No sé si las características de los centrales acompañan en el 5-4-1 viendo las dificultades que tienen para iniciar. Tampoco si los laterales pueden ejercer como carrileros con la profundidad que se requiere y la capacidad para volver. Ni conozco la mejor manera de que José Naranjo encuentre su nivel, si con un descanso o manteniéndole en el once. Y el nueve es otra incógnita, entre el trabajo y gol de Nano o el mejor entendimiento de las necesidades ofensivas de Malbasic.
Es en todas estas cuestiones (y otras parecidas) en las que se debe resolver el futuro inmediato del Tenerife. Ganarle al Lugo, iniciar la remontada y evitar que la temporada se vaya por la borda cuando ni siquiera se ha llegado a una cuarta parte de la misma depende de esto y no de un cambio en la estructura del club. Sí, estimados amigos, la destitución del director deportivo o el gerente no arreglan el presente. Y tengo mis dudas de que sean lo mejor para el futuro. Pero ese es otro debate. Y claro, aunque les pese, no toca ahora.