Por @RondosCutillas
No pierdo la esperanza. El Tenerife tiene margen de mejora. Sobre todo porque cometer menos errores de los que lo han llevado a la situación actual y hacer las cosas con más acierto y una pizca más de fortuna que hasta ahora no debe ser tan complicado.
Este equipo, al que ya no respaldan ni 7.000 personas en sus partidos de casa pese a que ya no ocupa su banquillo la persona que teóricamente los había echado del estadio, propuso ayer algo diferente. Pero la novedad no funcionó porque volvieron a repetirse viejos errores. Compareció el Tenerife sobre el Heliodoro nervioso, impreciso y, además, cometió fallos de bulto. De esos que un rival de la zona noble y con mejor dinámica no perdona. Y no los perdonó.
La sucesión de entregas defectuosas, conducciones excesivas, resbalones y despejes que ya no se ven ni en fútbol territorial de los primeros minutos propició una catarata de ocasiones del Girona en el área blanquiazul que pudo haber dejado el partido sentenciado desde el primer acto. Y no fue así fue porque Dani Hernández estuvo inspirado o porque Vitolo, Albizua y Carlos Ruiz enmendaron, desde el suelo y en acciones salvadoras, goles absolutamente cantados.
El Tenerife, no obstante, encajó. Y volvió a hacerlo a balón parado. De la misma manera en la que sepultó sus opciones en Albacete. Un córner mal defendido. Un central que es capaz de rematar de manera cómoda y certera. Y asunto liquidado. Demasiado fácil. Demasiado peso para un equipo que sigue dando la cara a base de actitud, pero que continúa teniendo demasiadas carencias en la elaboración, el último pase y el remate.
Una de las cosas rescatables para el futuro debe ser el 4-2-3-1 con el que Raúl Agné trató de retocar el desaguisado de la primera mitad. Juan Carlos Real parece un jugador con talento y versatilidad para jugar entre líneas. Eso, junto al descaro del canterano Cristo González y su capacidad para asociarse con el compañero mejor situado fue lo mejor de un Tenerife que dio la sensación de que podía empatar cuando Víctor, con aún media hora por delante, dispuso de la ocasión más clara de los blanquiazules.
No pudo ser. Pero reitero que hay margen de mejora. El Tenerife está a dos puntos de salir del descenso y el objetivo debe ser conseguir resultados de forma inmediata mientras se crece desde el punto de vista futbolístico. Mientras tanto, espero que se aplacen hasta junio el resto de ejecuciones que sigue demandando el sector fundamentalista. Sobre todo por una cuestión de practicidad. Ni Serrano mete goles, ni Concepción pita penaltis. Yo sigo convencido de que si la mano de Cifu es de un jugador del Tenerife, el árbitro la pita por mucho que el nuevo reglamento diga lo contrario sobre la voluntariedad cuando viene de un rebote.
Ahora llega el momento de los aficionados de verdad. De estar juntos. De remar en la misma dirección. De apoyar al equipo más que nunca haga lo que haga y pase lo que pase. De ahorrarnos más heridas. Y de ser inteligentes. Es una cuestión de supervivencia.