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Sobre el Rayo y su gesto (26-11-14)

Por @jf_rojas

Mientras las polémicas baratas llenan páginas y nuestras obsesiones y manías suman minutos infinitos de radio y televisión, estos días se ha filtrado en las secciones de deportes de todos los medios una noticia diferente. La plantilla del Rayo Vallecano pagará el alquiler vitalicio a una anciana desahuciada de su casa por una empresa de préstamos a raíz de una historia truculenta e injusta de la que la mujer es víctima inocente. Lo anunciaban el sábado el club y su entrenador provocando la curiosidad de muchos, sorprendidos seguramente por lo poco acostumbrados que estamos a que los profesionales del fútbol se involucren públicamente en los problemas de la gente sencilla.

Es habitual que todos centremos el foco en lo negativo. Las cosas malas suelen desencadenar en las personas decentes una indignación que eclipsa a casi todo lo demás. El problema es que esa reacción también provoca que dejemos de prestar atención a lo bueno contribuyendo a dibujar un paisaje general mucho peor del que realmente nos rodea. Si el mundo fuera tan horrible como se desprende de los informativos o de los comentarios de la calle, difícilmente seríamos capaces de soportarlo unas pocas horas. La verdad, sin embargo, es que cada día suceden pequeñas cosas que nos hacen la vida mejor. Cosas que están a la vista de todos pero que por desgracia pasan desapercibidas para los telediarios.

Hemos asumido que las buenas noticias no venden. Los medios centran su oferta en lo morboso, lo desagradable o lo indignante ofreciéndonos una visión parcial de la realidad. Noticias como ésta sin embargo sugieren que el mundo tiene otro perfil y que está al alcance de todos. Al final es responsabilidad de cada uno subrayar este tipo de acciones. Igual que la indecencia y la inmoralidad monopolizan titulares y se convierten protagonistas diarios de millones de conversaciones, la honradez y la nobleza merecerían al menos la misma atención por parte de todos. No es posible que vivamos quejándonos de lo malo y que, sin embargo, no seamos capaces de reconocer lo bueno cuando lo tenemos delante.

Apuesto a que no faltará quien juzgue la acción del Rayo como demagogia. Yo digo que ojalá cada manifestación demagógica del mundo sirviera para mejorar la vida de una sola persona. Si así fuera, habría mucha más gente feliz. Me sobran todos esos que desde el pedestal del escepticismo desdeñan esta clase de gestos. En realidad, la verdadera demagogia consiste en hacer oficio de describir los problemas pero manifestarse permanentemente sarcástico frente a los que ofrecen soluciones, por pequeñas que sean. Destaco el gesto de la plantilla del Rayo porque pone de relieve una tragedia que afecta a millones de españoles y porque demuestra que los deportistas, cuando quieren, también pueden ofrecernos un ejemplo social. Felicidades al club y a sus jugadores.