por @juanjo_ramos
Puede que el CD Tenerife no haya hecho nada mal en este periodo. Puede que incluso haya hecho cosas bien. El caso es que no lo sabemos. Nos desinforma el silencio.
En la presente semana se ha debatido la conveniencia de mantener en el ERTE a los jugadores, que ya realizan entrenamientos presenciales, pero cobran el 30% de sus emolumentos como cuando estaban en casa confinados. Lo hacemos sin saber exactamente qué piensan ellos. Ni siquiera sabemos cuál es la postura oficial del club. Ambas partes guardan silencio.
También desconocemos qué hará el Tenerife para devolver el dinero de los abonos a sus seguidores por los partidos que no disfrutarán del tramo final de temporada. Anunció Miguel Concepción que se consultaría a las peñas, pero eso fue hace semanas. Desde entonces, silencio.
Observamos en las redes sociales medidas en este sentido (o en otros) de muchos clubes de Segunda. Mascarillas personalizadas y otras iniciativas solidarias, ventas de sus productos online, acercamiento de los futbolistas a sus aficionados, ruedas de prensa y entrevistas… En el Tenerife, silencio.
Algo provoca que este club, desde hace muchos años, entre en este trance cada vez que se produce una situación de crisis, ya sea deportiva o económica. Incluso sanitaria, como ahora. Es como si hubiera inventado el confinamiento a través del silencio.
De repente, se encierra y todo se oscurece. Y así es imposible crecer en conexión con su público, sean fieles o clientes potenciales. Son estos detalles las únicas armas viables para generar cariño y fidelidad al margen de los buenos resultados deportivos. Pero en lugar de empuñarlas y utilizarlas, se abandonan. Por eso, espero de corazón que no llegue un día en que el Tenerife pida ayuda a medios de comunicación y aficionados, a su entorno en general, y reciba lo mismo que da en los malos momentos: silencio.