Skip to main content Scroll Top

Siguiente

Por @rondoscutillas

Vivimos una semana de derbi. Y escribo en tercera persona porque llegamos a uno de los partidos más esperados por todos. Jugadores, cuerpo técnico, directivos, periodistas y aficionados. Nada es igual en los días previos a un encuentro de la máxima rivalidad regional y, por esa razón, estas citas tienen siempre una dimensión especial y un valor añadido que, en ocasiones, va más allá incluso de lo tangible.

La historia está llena de choques, en uno y otro bando, que cambiaron la trayectoria de blanquiazules y amarillos. Para bien y para mal. Porque el que gana, sale reforzado. Y, el que pierde, suele meterse en un agujero del que, a veces, no es capaz de encontrar la salida.

Atrás quedaron, felizmente, los tiempos en los que los derbis apenas significaban nada para el Tenerife que vivió la ‘década prodigiosa’ en Primera División. Entonces daba la sensación de que estos choques, que casi siempre llegaban en Copa del Rey, eran una incomodidad. Seguramente porque Las Palmas estaba una o dos categorías por debajo y había poco que ganar y mucho que perder. Y, por cierto, casi siempre se perdía.

Las circunstancias, afortunadamente para nuestros intereses, han cambiado. Tinerfeños y grancanarios conviven en la Segunda División desde varias temporadas y, desde 2014, este clásico del fútbol canario se ha teñido de blanquiazul en los enfrentamientos directos. Cierto es que, desde que volvió a la categoría de plata, el Tenerife no ha quedado nunca por encima de la UD Las Palmas en la clasificación. Pero también luce con orgullo la etiqueta de no haber caído derrotado en ningún duelo particular contra los amarillos en los últimos seis años.

Este dato, personalmente, es una de las cosas que más me agrada. Porque por mucho que no haya público en los estadios, sigue existiendo la rivalidad. Porque no hay nada mejor que llamar o escribir a un amigo canarión recordándole que en estos partidos el Tenerife encuentra la manera de competir mejor que la UD. Y porque, para que ustedes entiendan dónde quiero llegar, un derbi no concluye cuando el árbitro pita el final del partido, sino que dura justo hasta que empieza el siguiente.