Por @rondoscutillas
El Tenerife volvió a ganar un partido. Cerró su doble compromiso como local con 4 puntos de 6 posibles tras derrotar al UCAM (2-1) y, lo que es quizá más importante, volvió a llenar su organismo con las proteínas de confianza que aporta remontar un encuentro que empezó perdiendo cuando el choque aún andaba desperezándose.
La cita nos deja algunas conclusiones. Descartemos el sufrimiento con el que se obtiene cada triunfo, una condición que va ya en la genética blanquiazul, y vayamos al nacimiento de una sociedad, fabricada por la necesidad y las ausencias, pero que se está destapando como una de las soluciones más válidas para paliar la sequía anotadora de este curso.
Cristo González es uno de esos jugadores distintos. Para lo bueno y para lo malo. Intermitente. Hábil. Talentoso. Rápido. Desesperante en ocasiones. Sin embargo, es joven. Mucho. Tiene un margen de mejora espectacular si se deja ayudar por los consejos que le dan desde el cuerpo técnico. Y con él en el terreno de juego, todo es posible. Es capaz de sacar petróleo de un error del defensa, como en el primer gol, o de sacarse un recurso de lujo para asistir de tacón a Amath, como hizo en el segundo. Si él quiere, el futuro del Tenerife, pasará por sus botas.
El delantero senegalés es, sin Lozano ni Jouini, el que ha asumido la responsabilidad ofensiva. Es una bala y, además, está en racha. Ve portería con facilidad. Y, ahora, debe explotar al máximo que, por fin, la ola lo impulsa hacia el lugar que buscaba en el equipo. Por detrás de ambos, sobresalió Aarón Ñíguez. Fue el más insistente a la hora de coser líneas, tratar de generar fútbol y de que el Tenerife tenga el protagonismo con el balón que busca Martí.
Los tres se han ganado seguir en el once para el choque en Lugo, aunque se juegue de visitante y la entidad del rival invite, quizá, a un modelo que dé más consistencia como el trivote. El técnico tendrá la última palabra y, tome la decisión que tome, supondrá un punto de inflexión en el modelo y la dirección hacia la que quiere que vaya su equipo.
La clasificación sigue invitando al Tenerife a vivir algo bonito este año. Apenas dos puntos lo separan del playoff. Rueda en el seno de un pelotón en el que están, curiosamente, la mayoría de clubes con ‘obligaciones’ de estar más arriba. Por presupuesto. Por historia. Por plantilla. Y por pura necesidad. El Getafe, un recién descendido al que Bordalás ha recuperado para la competición, tira de un grupo en el que figuran otros ilustres de reciente pasado en la máxima categoría como Zaragoza, Mallorca o Elche. Y por detrás del Tenerife aparecen otros dos equipos que estaban en las quinielas para estar más arriba, como el Córdoba y el Valladolid, seguidos de Numancia y otro ex Primera como el Rayo. Ninguno de ellos está cómodo ahí y ninguno de ellos puede, por ahora, con la presión añadida de no estar donde debe.
Ver en una situación similar o peor a conjuntos como los mencionados anteriormente no es ningún consuelo. Lo es quizá leer que Serrano pretende reforzar el plantel con un mínimo de dos jugadores y un máximo de cuatro en enero. Eso ilusiona. Pero antes de enero está diciembre y abrir, desde ya, la veda de los nombres y las filtraciones no va a ayudar en nada a los que salten al campo contra Lugo, Huesca, Levante y Alcorcón. Aún queda mucho por delante. Nada menos que 12 puntos. Así que paciencia al entorno, trabajo incansable en la búsqueda y, en las gestiones, mucho sigilo.