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Shaq Moore, el americano que prefirió el soccer

Redacción Deporpress | La renovación de Shaq Moore ha sorprendido por el momento y por la contundencia (tres años más de vinculación), pero no tanto por el coste del futbolista o por el rendimiento que ha mostrado a partir del mes de enero. Pero en el fondo sigue siendo un desconocido para la afición del CD Tenerife.

Shaquell Kwame Moore (Powder Springs, Estados Unidos, 1996) es hijo de un internacional por la selección de Trinidad y Tobago, aunque él nació en Miami. A los diez años sus padres se mudaron a Atlanta, donde residen en la actualidad. «Ven los partidos del Tenerife, juntos, en una televisión grande», contaba hace solo unos meses. Se formó en la Academia IMG y en las categorías inferiores del FC Dallas, equipo actual de Bryan Acosta y perteneciente a la Major League Soccer.

Con apenas 18 años, su vida cambió. No sólo a nivel deportivo. Cruzó el charco casi a ciegas para crearse un futuro ligado al fútbol. «Estaba jugando con la selección sub’18 de Estados Unidos y fuimos a Gran Canaria, a Las Palmas, para disputar un torneo. Me fue bien y ahí surgió el interés de un club. Cinco años después, sigo aquí», contaba el protagonista.

Viajó a Valencia sin apenas saber qué le iba a deparar el destino y probó en las canteras del Valencia y del Levante. No obstante, acabó en el extinto Huracán Valencia. Shaq permaneció sin competir casi un año hasta regularizar sus papeles. Vivía en la Residencia Deportiva La Petxina y solo completó seis apariciones en en Segunda B con el sueldo inicial de 900 euros. Él mismo pasa de puntillas por aquella etapa. «Empecé en el Huracán Valencia, luego estuve seis meses en el filial del Oviedo, me fichó el Levante y jugué cedido en el Reus», dice para resumir su trayectoria.

Además, ya ha debutado con la selección absoluta de Estados Unidos. Con la sub-20 había disputado el Mundial de Nueva Zelanda.

En el cuadro granota llegó a debutar en Primera. Jugó en el Camp Nou. «En la primera parte me tocó marcar a Iniesta y en la segunda a Dembélé. Fue una tarde de mucho correr y trabajar», bromea. Pero el pasado verano, con demasiada competencia en su puesto, se dio la opción de salir. El CD Tenerife se cruzó en su camino y no lo dudó un momento. «Sabía que venía a un club grande», llegó a decir en sus primeras apariciones ante los medios.

Empezó como suplente de Luis Pérez, pero ahí precisamente se ganó al vestuario. «Soy un chico alegre y siempre estoy con una sonrisa tratando de animar a la gente, juegue o no juegue. Lo primero es el vestuario». Esa base es la que ha convencido a sus compañeros y también a sus entrenadores. En enero, cuando el calendario apretaba por la Copa del Rey, Rubén Baraja comenzó a darle continuidad.

Lateral derecho, lateral izquierdo, extremo derecho… y hasta mediocentro tras la expulsión de Carlos Ruiz en la Copa del Rey contra el Athletic. «Juego donde me ponga el míster, solo quiero ayudar al equipo», dice siempre. En Almendralejo estrenó su cuenta goleadora. Ni siquiera se puede decir de él ya que hace más defensivo al equipo cuando juega en la medular.

El americano que prefirió el soccer al baloncesto, el béisbol o el fútbol americano quiere triunfar y está en la edad para ello. Si no pudo con él la dificultad del idioma, jugar sin cobrar, inactividad durante el proceso para conseguir sus papeles o la desaparición de dos clubes en los que militaba (Huracán y Reus), es que está preparado para asumir el reto de suceder a Luis Pérez.

Por eso, su agencia de representación aceptó casi de inmediato la oferta de renovación que le presentó Juan Carlos Cordero. El Tenerife es, para él, un sitio ideal: «Mis padres también son de una isla y todo es un poco parecido. Tenerife es espectacular y tiene muchos sitios bonitos, como las playas. No me puedo quejar».