Por @rondoscutillas
Laresurrección de Albacete fue un espejismo. La Romareda confirmó que este Tenerife sigue a la deriva cuando la segunda vuelta acaba de arrancar. El duelo ante el Zaragoza cumplió, por desgracia, los peores presagios. Los blanquiazules volvieron a mostrarse vulnerables y encajaron pronto fruto, principalmente, de otra pésima puesta en escena.
El grupo de Martí fue incapaz de dejar su portería a cero por undécima vez consecutiva lejos del Heliodoro y, esta vez, tampoco hubo reacción. De hecho, y a diferencia de lo que sucedió en el Carlos Belmonte, el Tenerife apenas fue capaz de disparar a puerta pese a que no le perdió la cara al partido y tuvo margen para, al menos, empatar. La cruz volvieron a ser las lesiones. Villar, por quinta vez este curso, y Aveldaño pasan a engrosar una enfermería en la que ya se encuentran otros inquilinos de mucho peso específico como Montañés o Longo.
La estadística reduce, jornada tras jornada, el margen de error. Es cierto que aún quedan puntos por delante, nada menos que 60. Pero sin enlazar dos victorias consecutivas, y con el actual bagaje como visitantes, se antoja muy complicado que el Tenerife pueda superar en la tabla a alguno de sus rivales directos. O, lo que es más importante aún, presentar su candidatura a conseguir algo digno de una manera seria y creíble. Con todo, y por curioso que parezca, la doble salida se salda con un punto menos sobre el playoff pero con la imagen del técnico con menor crédito que antes.
También avanza enero y, por ahora, siguen sin aparecer los anhelados refuerzos. Los fichajes invernales mejoraron al equipo de la pasada campaña, que era mucho más solvente y fiable que el actual por estas fechas, y lo hicieron tan competitivo que se quedó a un solo gol de la gloria. Ahora, mientras se refuerzan el resto de candidatos a subir, Alfonso Serrano sigue apurando sus opciones. Se esperan novedades en las próximas horas o días y, si no se tuercen las gestiones que hay avanzadas, todo apunta a que se hará una inversión por un jugador joven, nacional y con proyección al que habrá que sacar de su club de origen mediante la vía del pago de la cláusula de rescisión. A diferencia de lo que sucedió en 2017, el ‘Shibasaki’ de enero vendría en propiedad y no a préstamo.
El domingo, ante el Barcelona B, habrá que remar con lo que se pueda rescatar hasta entonces de la enfermería. Al Tenerife no le queda otra que aferrarse al ‘factor Heliodoro’ para no alejarse aún más del objetivo. Será un partido en el que la afición deberá echar una mano al equipo por muy desencantada que se encuentre con sus prestaciones. Es la única vía, y la más efectiva, para conseguir una victoria que nos mantenga con vida en la Liga ante un filial azulgrana que, hasta ahora, atesora más talento que resultados y que posee individualidades que pueden decantar la balanza con su calidad como Carles Aleñá o José Arnáiz.
Cuando estas líneas vean la luz, ya habrá terminado la reunión del presidente Miguel Concepción con los principales responsables de la parcela deportiva del Tenerife. Urge una reacción y, para eso, el club tendrá que tomar decisiones de manera inmediata. Aunque duelan incluso. La certeza de que, recién comenzada la segunda vuelta, la trayectoria actual no da para otra cosa que para acabar en mitad de la escalera es una verdad tan incontestable como que, ahora mismo, cualquiera de nosotros firmaba en blanco que este equipo acabase el campeonato siendo sextos.