Por @beatrizpalmero
El siete siempre ha sido un número mágico para todas las culturas porque encierra la perfección: es la suma del 3 que representa la divinidad (la Santísima Trinidad, Resurrección al tercer día) y el cuatro que simboliza lo terrenal (por los cuatro elementos que conforman nuestro planeta –aire, agua, tierra, fuego-). Y no sólo para la cultura judeocristiana, donde aparece profusamente, desde el séptimo día en el que Dios descansó tras crear al mundo hasta los siete sellos del Apocalipsis, pasando por el candelabro de siete brazos o las siete vacas gordas y las siete flacas de los sueños de José. El siete aparece también en otras culturas: siete son los cielos para los musulmanes, siete chackras tiene el cuerpo para los hindúes, siete doncellas y siete jóvenes fueron ofrecidos al Minotauro cretense en la Antigua Grecia o sobre siete colinas se creó la ciudad de Roma… Y así podríamos seguir incluso fijándonos en lo más básico: siete días tiene la semana, siete días dura cada fase lunar, hay siete notas musicales o siete colores en el arco iris y siete son los enanitos de Blancanieves.
Y si el siete está ya presente desde el origen del universo, no debería extrañarme que, de repente, me aparezca en todas las cábalas que hago en torno al Tenerife. Siete equipos se concentran en apenas siete puntos con un objetivo común, no ser uno de los cuatro que acaben descendiendo a Segunda B. Quedan apenas siete jornadas para que termine la liga, las mismas siete que bastaron el año pasado para condenar a Álvaro Cervera antes de que comenzara la temporada. Claro que la condena ahora podría ser mucho peor y, no, no quiero ni pensar de nuevo en los partidos a las doce del mediodía. Así que siete oportunidades de sumar que se presentan para un Tenerife que, sin duda, querría volver a tener la tranquilidad de poder tirar siete encuentros porque el objetivo ya está cumplido. Es obvio que la campaña pasada se alcanzó la meta con superávit y que en ésta sólo ha habido déficit: déficit de goles, déficit de puntos a domicilio, déficit de regularidad.
Y ahora hay déficit de tiempo. En cuatro jornadas se ha pasado de tener ocho puntos de colchón a quedarse en sólo tres. Tres justamente son los partidos que quedan por disputar en el Heliodoro y suponiendo que se sumen sí o sí esos nueve puntos (y recemos para que el Betis venga ascendido y con un Rubén Castro sin sed de sangre blanquiazul), harán falta al menos otros dos para llegar a los 50. Sumar en las visitas a Santander y Sabadell, dos rivales directos serán claves, pero viendo los números – y las actuaciones- del Tenerife fuera de casa me entra un poco el tembleque.
Hacen bien los blanquiazules en borrar de su mente todos estos números y centrarse sólo en el Lugo. Pero tendrán que esforzarse setenta veces siete, como dijo Jesucristo, y no para perdonar, como en la parábola del Nuevo Testamento, sino para que sean perdonados todos los pecados capitales cometidos este año. Que por cierto, para los cristianos son siete.