Por @beatrizpalmero
Reconozco sentir fascinación por aquellos jugadores que, nacidos lejos de aquí, ignorantes de lo que es la realidad insular o lo que significa el Tete para muchos, son capaces de llegar a Tenerife y sentirse uno más. Y cuando digo uno más, me refiero a sentir el escudo como propio o incluso sentirlo más que otros que han nacido en la misma isla. Muchas veces he llegado a la conclusión de que, en ocasiones, los que vienen de fuera son más capaces de valorar lo que ofrece la isla, precisamente porque vienen de una realidad distinta, que los que estamos aquí, acostumbrados a nuestro entorno, tanto a lo bueno como a lo malo.
Sin ir más lejos, el viernes ante el Oviedo me volví a sorprender. Alex Mula marcaba el segundo gol del Tenerife y lo celebraba con rabia tirando su camiseta al aire. En la segunda parte sentenciaba el encuentro haciendo doblete y con gestos levantó a la afición, recordándole que no debían perder la fe en el equipo pese a que el rival hubiera recortado distancias. Recordé entonces que el jugador barcelonés anunció durante la semana que había cambiado la fecha de su boda porque coincidía con el playoff de ascenso. Pensé que un recién llegado, un jugador que, además, pertenece a otro club, parece tener más fe y más afán competitivo que los que llevamos aquí toda la vida.
Probablemente, el extremo, al acabar el año, deba volver a la disciplina del Málaga, pero, viendo su actitud, su implicación y, sobre todo, lo bien que le están saliendo las cosas, difícilmente olvidará su periplo en Tenerife. Y me vinieron a la memoria tantos jugadores que se sienten un poco (o muy) blanquiazules después de su estancia aquí, fueran más o menos cortas: César Gómez, José Antonio Culebras, Alejandro Alfaro, Dani Kome… El mismo Luismi Loro nos sacó una sonrisa este fin de semana al viajar a Gran Canaria con el Villarreal y subir a las redes una foto de Tenerife desde el aire nombrando con nostalgia al Teide…
Me encanta tener a estos jugadores en mi equipo. Y miro a la plantilla y encuentro muchos que han hecho suyo este club y esta isla: Aitor Sanz, Raúl Cámara, Carlos Ruiz… jugadores que se marcharán de aquí con un trozo de su corazón blanquiazul y me enorgullece que personas que han nacido en lugares tan dispares y conociendo las luces y sombras del club y de la isla hayan puesto aquí su corazón. Pero sobre todo, me encanta que lleven mi camiseta jugadores implicados, que no sólo buscan su beneficio personal, su éxito particular, sino que, por el camino, sienten y disfrutan lo que Tenerife significa y, de vez en cuando, nos hacen avergorzarnos por juzgar con tanta dureza a los nuestros o por tener menos fe que un ateo en nuestro equipo.
Ellos nos recuerdan que si sienten es gracias a nosotros, aunque muchas veces los dejemos solos.