Por @rondoscutillas
El Tenerife emite señales de vida. Tras más tiempo del aconsejable en colapso y con la zona de descenso al otro lado de la puerta, se reivindicó, por fin, con una goleada ante el Córdoba en el Heliodoro (5-1). La exhibición coincide con el estreno en el banquillo de Joseba Etxeberria y, sea mérito suyo o no, alimenta las esperanzas blanquiazules como invitación al optimismo.
Mientras el entorno digiere la nueva realidad, el grupo debe continuar ahora por la senda de recuperar el crédito que dilapidó en los últimos meses. Despilfarró demasiados puntos compareciendo como un equipo vulgar durante muchas jornadas y tampoco ahorró ningún esfuerzo en demostrarnos que, especialmente fuera de casa, son un equipo excesivamente vulnerable y poco competitivo. Aún hay tiempo para llegar a junio con una sonrisa.
La semana pasada escribí que las dinámicas son parte del fútbol. Y salir de ellas, especialmente cuando te toca vivirlas desde el lado malo, no es tarea sencilla. El Tenerife superó al Córdoba en todo. Mereció ganar de largo pero, cuando las cosas se tuercen en este deporte, la crueldad suele hospedarse en el lado del conjunto al que le caen los golpes de todos los colores. Los blanquiazules hicieron el 2-1 justo antes del descanso y marcaron el 3-1 en el rechace del quinto penalti errado este curso. La suerte, esta vez, durmió en nuestra cama.
Esas fatalidades, intangibles y ocasionales, se ceban siempre con el más desdichado. Con el que lleva una peor racha. Con el que ha hecho de la derrota una norma y no una excepción. El triunfo, además de devolver parte de la autoestima perdida, aleja al Tenerife del lado oscuro de la clasificación y ahuyenta algunos fantasmas, que amenazaban con agigantarse si no se encontraba un remedio inmediato.
Lo que sí queda claro es que este equipo tiene argumentos para ganarle a cualquiera. Solo necesita juntarlos, hacer que funcionen y competir en cada partido como si no hubiese otro la semana que viene. La vuelta de Villar, si las lesiones lo respetan, y la irrupción de una gacela como Mula en el costado izquierdo afilan aún más las virtudes ofensivas del Tenerife.
Ese debe ser el próximo reto. Superar al monstruo de la última fase de un videojuego que se ha resistido desde agosto y al que nadie ha encontrado la manera de derribar. Sumar con asiduidad de visitante será la mejor baza para convencer a los aficionados, semana a semana y partido a partido, de que ir al Heliodoro ya no es sinónimo de volver a casa decepcionado.
El club rema poniendo en marcha una iniciativa para aumentar la afluencia de incondicionales al estadio. El afán de la entidad es recuperar para la causa a todos los que se han ido bajando del carro en las últimas semanas y meses. Así que ahora que cambia el viento, en esta tierra tan propensa a las dualidades extremas en la que todo es blanco o negro y éxito o fracaso, conviene poner en cuarentena el resultado del pasado domingo.
No suframos por sufrir. Aprendamos la lección de una vez por todas. La excesiva euforia y la obligatoriedad de estar cerca del ascenso directo, unido a múltiples errores y al alarmante bajo rendimiento de una plantilla construida para hacer cosas mayores, nos ha llevado hasta aquí. Sé que no va con nuestra idiosincrasia, y tampoco vende tanto periodísticamente, pero no estaría mal que, llegados a este punto de la temporada, decidiéramos desistir del atajo del vértigo para hacer lo que resta de este viaje por el camino de la sensatez.