Por @rondoscutillas
El Tenerife se presentó ayer ante su hinchada con una declaración de intenciones que invita al optimismo. Moderado eso sí, pero optimismo al fin y al cabo. No desentonar ante un Primera como el Sporting, por mucho que el rival sea un recién ascendido al que le han limitado la posibilidad de reforzarse, tiene mérito. Sobre todo porque estamos todavía ante un grupo en fase de ensamblaje y al que aún le falta esa pieza, en forma de delantero goleador, que es indispensable en todo equipo que aspire a alzar el vuelo más allá de la zona de permanencia.
No me desagradó el equipo de Agné. Tuvo actitud y no se descompuso salvo en el epílogo final, cuando los cambios y el plomo que se acumula en las piernas en esta fase del verano acaban pasando factura. El resultado, un empate (con posterior derrota en los penaltis), es lo de menos en este tipo de encuentros, así que yo soy de los que prefiero quedarme con las sensaciones y reservarme las conclusiones para dentro de un par de semanas.
Confieso que mientras iba hacia el desangelado Heliodoro, que conmemoró su nonagésimo cumpleaños en familia y con menos de 3.000 almas en su interior, me asaltaban las dudas sobre el comportamiento del Tenerife. Bastó un puñado de minutos para que cambiase mi estado de ánimo al comprobar que el encuentro iba a ser parejo, aunque sospechaba que la mayor calidad de los gijoneses terminaría por desnivelar la balanza más pronto que tarde.
Afortunadamente, me equivoqué. El Tenerife no sufrió en exceso y, poco a poco, fue tomando el mando para intentar hacer cosas. El balón circuló con criterio casi siempre y, con Suso ausente, el muestrario para intentar llegar hasta el área visitante fue un poco más variado de lo habitual, aunque aún sigue costando un mundo generar ocasiones y tirar a puerta con cierto peligro.
Estos partidos sirven también para ver el estado de los recién llegados. Germán me pareció un central correcto y seguro. Sin adornos, ni florituras. Cumple pero, por lo que se le vio ayer, no me parece que esté un escalón por encima de Jorge Sáenz o Alberto. La otra novedad, Pedro Martín, fue todo voluntad. Derrochó esfuerzo mientras le duró el combustible y dejó un par de detalles interesantes. Se notó que quería agradar y parece un jugador aprovechable, aunque está aún por ver dónde lo va a usar Agné cuando llegué el delantero ‘de verdad’.
De entre los canteranos me quedo con la confirmación de Omar Perdomo. El grancanario firmó una actuación notable y demostró que su eclosión en los últimos partidos del pasado ejercicio no era una casualidad. Vertical, sacrificado, incisivo, rápido e incluso con gol. Su aceleración con el balón controlado en la jugada del tanto del Tenerife y su definición en el ‘uno contra uno’ fueron lo mejor de la noche. La cita también subrayó el hambre de Nano por quedarse, la sobriedad de Jorge Sáenz y la polivalencia de Alberto, que empezó de mediocentro y terminó de central cumpliendo con solvencia en ambas demarcaciones.
Por poner algunos peros, admito que esperaba más de Cristo González. El punta de Añaza debe esforzarse más sobre el césped y menos a través de su representante para convencer de que puede tener hueco en la primera plantilla, y también de Abel. Ambos, al igual que el resto, seguirán teniendo más oportunidades para demostrar su valía en lo que queda de pretemporada. Mientras tanto, solo nos quedará eso. Sensaciones.