Por @juanjo_ramos
Estoy convencido de que la maldita pandemia nos ha afectado a todos. A unos más y otros menos, como todo en la vida, pero nadie ha escapado de sus redes. El que no ha vivido la enfermedad ha sufrido las consecuencias de un cambio casi drástico en la convivencia, en las costumbres y hasta en el ocio.
Por eso disculpo (en parte) a aquellos que vuelcan su odio en las redes sociales. Incluso a los que sufren frustraciones personales y profesionales que acaban pagando con su gente o con su competencia, como si mentir o hacer daño fuera a solucionar sus problemas. Pasa en esta profesión, tristemente.
Y miren que huyo siempre de los (falsos) profetas que te dicen que están limpios de polvo y paja, que defienden sus ejemplares comportamientos y que se constituyen en una suerte de resistencia para que su entorno profesional no se hunda. Esos adalides del periodismo (o del sector que fuera), esos libertadores, suelen ser tramposos, mezquinos y populistas. Solo triunfan atacando, censurando, manipulando y tergiversando. Los tienen en también en la política. Y a montones.
Pero sabiendo todo eso, jamás vi una semana de derbi tan extraña como la actual. Vale que estamos cansados de recurrir a los mismos mitos vivientes del tinerfeñismo porque hace años que nadie se suma a la nómina de héroes. Vale que el acceso a los protagonistas, ya de por sí restringido, se ha tornado en casi imposible con los protocolos anti Covid ¿Pero dónde quedó lo de informar y entretener? Lo de disfrutar de la fiesta del fútbol canario.
De estos días rescato dos ratitos. Uno con los presidentes de las federaciones de peñas de CD Tenerife y UD Las Palmas. El otro, con los humoristas Darío López y Kike Pérez. Ambos en la Cope. Fueron minutos de buen humor y alegría, elementos que tanta falta nos hacen en estos tiempos. De pique, pero sano. De una rivalidad bien entendida. Un oasis en medio de ruedas de prensa telemáticas, protagonistas repetidos y fake news.
Es una pena que hayamos llegado a esto. Ojalá el fin de la pandemia nos devuelva a la normalidad. Al fin y al cabo no era tan mala. Porque si alguien pensó que saldríamos mejores de esta, igual anda ya calvo de tanto tirarse de los pelos.