Redacción Deporpress | Ni con un mejor inicio. Ni encerrando a su rival durante la primera media hora. Ni en el Heliodoro. El CD Tenerife entra en una dinámica preocupante ante un rival que volvió a penalizar al representativo en el juego aéreo. Las alarmas empiezan a sonar con un conjunto blanquiazul que cierra su primer mes de competición sin convencer ni sumar un solo triunfo.
Y eso que por fin salió con otro aire. Mayor intensidad y precisión que le permitió durante el comienzo que derivó en un volcán de ocasiones durante el primer cuarto de hora, pero la falta de definición en los metros finales y la seguridad de Edgar Badía bajo palos evitaban un tanto que se antojaba merecido.
Pero quien perdona, lo paga. Y así fue. El cansancio fue haciendo acto de presencia sobre los de Joseba Etxeberria, momento que aprovechó el conjunto dirigido por Xavi Bartolo para encaminar el duelo a un tipo de juego más pausado, lo cual beneficiaba al conjunto catalán sobre el tinerfeño. Dos caras en una misma parte que llevaron a ambos equipos a la caseta con el resultado inicial.
La reanudación arrancó con dudas. El Reus parecía mantener su línea ascendente, generando una importante aproximación a balón parado. Los blanquiazules eran superiores, pero se nublaban en tres cuartos de campo. La ansiedad empezaba a asomar. Mientras, los catalanes jugaban con las dudas y avisaba llamando al poste de Dani Hernández. El nerviosismo contagiaba a los jugadores y a la propia afición.
Y llegó el castigo. Otra vez el balón parado. Saque de esquina prolongado al segundo palo donde Alfred controlaba y remataba libre de marca. Un gol que dejó tocado a los de Etxeberria, incapaces esta vez de encontrar un atisbo de reacción.
Nueva derrota donde quizás el Tenerife mereció nuevamente más, pero que no termina reflejándose en hechos. Un fin de semana para el olvido donde el fortín del Heliodoro se ha desvanecido en este arranque de liga. Ni en casa, ni fuera. Las alarmas se encienden en torno al equipo.