Termina un año triste y sin chicha. Una temporada marcada por los bostezos donde lo más emocionante ha sido esperar a un encuentro ante un rival que ya estaba ascendido y miró hacia otro lado para evitar lesiones e inconvenientes de última hora. Porque creo que todos son conscientes de que, después de lo del domingo pasado, a Rubén Castro los aficionados del Tenerife le deben un desayuno donde quiera y, si me apuran, hasta un almuerzo.
La noticia de la semana ha sido la renovación de Raúl Agné y Serrano. Concepción tira por el camino fácil y no se mete en problemas. Tiene ganas de irse y no ve la hora de cerrar la puerta de los nuevos despachos del estadio. Si a eso le suman las noticias extradeportivas de los últimos días, blanco y en botella. Ni tiene dinero ni ganas de arriesgarse. Algo que está siendo habitual, dicho sea de paso. Quizá la última vez que el Tenerife asumió un riesgo con este presidente fue en el ascenso del Girona cuando se expuso a la ducha después del ascenso. Con el riesgo de cogerse una pulmonía. Desde entonces, el mensaje de mayor ilusión ha sido «tiraremos de la cantera». Y ni así porque el mejor de todos, Ayoze, al final hizo lo que todos hubieran hecho: empezar a labrarse un futuro en esto del fútbol.
Para lo que queda mejor no entrar en debates sobre si lo más conveniente es que ambos continúen o no. Pero da la sensación de que el público seguirá sumido en un profundo sueño donde el «más de lo mismo» será el protagonista. Esto derivará en una sola cosa: que el cambio llegue cuanto antes. Es aquí donde a alternativas como Pier Cherubino le quedan doce meses para apretar los dientes y presentar propuestas serias que regeneren el futuro del club. Es la hora de que demuestre que esto «se acabó» y que, en un año, la sonrisa volverá al estadio. Serrano y Agné me caen fenomenal. Creo que ambos son buenísimos profesionales. Pero pensaba que las cosas iban a cambiar, simplemente por ver otra cara a la afición. Me equivoqué. Ojalá que el próximo año veamos al mejor Tenerife de los últimos tiempos.