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Salvavidas

Por @rondoscutillas

El Tenerife se ha metido en un agujero negro y no es capaz de vislumbrar la salida. Penalizado por  los errores individuales en las áreas, sucumbió en Almería sin ser peor que su rival ni en fútbol, ni en ocasiones. Volvió a encajar y perdió nuevamente a domicilio, donde el balance arroja ya datos muy deficientes para cualquier equipo que quiera aspirar a cosas importantes. De hecho, los blanquiazules apenas han sumado 6 de los 27 puntos (un 22%) que se han puesto en disputa fuera de la isla. Esos números solo los empeoran Córdoba, Albacete y Lorca, que acumulan 4 puntos lejos de su feudo, y el Almería, que ha logrado 5.

Las causas de esta pesadilla las encontramos en la espalda del equipo. Al grupo que dirige José Luis Martí le duele la retaguardia, por donde se fractura con demasiada frecuencia hasta desangrarse y perder un punto tras otro. Ninguno de los futbolistas que actúan en esa zona del terreno de juego tiene ahora mismo, ni por asomo, el nivel que mostró la temporada pasada. Y, curiosamente, es la demarcación en la que menos retoques se han hecho con la llegada únicamente de Luis Pérez y Aveldaño. En las bajas, solo Germán se marchó del bloque de garantías que formaban el año pasado jugadores como Dani Hernández, Raúl Cámara, Carlos Ruiz, Jorge Sáenz, Camille, Iñaki, Alberto, Vitolo o Aitor Sanz. Siguen casi los mismos pero, desgraciadamente, ya no dan el mismo rendimiento.

Las dudas ahogan el proyecto, que amenaza con naufragar antes incluso de lo que imaginaban los pesimistas. Muchos consideran que la solución a casi todos los males pasa por un relevo en el banquillo, pero en el Tenerife no se plantean ese escenario a corto plazo. No es que Martí sea intocable. Ni tampoco que tenga un crédito ilimitado. Pero esa bala, en caso de que la utilicen, no sería antes del parón navideño. También existen serias dudas dentro de la entidad de que el cambio de entrenador sea el recurso que ponga fin a la situación actual.

Está claro que hay potencial para mucho más. Pero no coincido con los que aseguran que el Tenerife tiene la mejor plantilla de Segunda. Por mucho que Anquela, el técnico del Oviedo, corrobore la creencia de los que opinan así, este grupo solo ha demostrado, por ahora, que solo es el mejor de la categoría cometiendo errores y regalando goles al contrario.

Duele ver al Tenerife así. Mucho. Pero los silbidos y las protestas a las primeras de cambio este domingo no ayudarían en nada. Eso solo le facilitaría la tarea al Reus, a quien no le hace falta que le den más alas desde la grada porque ha acreditado su solvencia puntuando en 6 de sus 8 salidas. El conjunto que dirige Aitor López Garai es un visitante incómodo. Nadie, salvo el Oviedo, le ha marcado más de un gol cuando juega fuera. La estadística, además, dice que el equipo local se queda sin anotar en la mitad de las ocasiones en las que miden sus fuerzas con los catalanes. Será, sin duda, un partido áspero y para tener paciencia, algo que cada vez escasea más entre el aficionado blanquiazul.

Mejor pensemos que no todo está perdido aún. Nos queda el Heliodoro. El escenario en el que el Tenerife muestra su mejor cara y se vuelve un equipo inexpugnable. Donde juntos y unidos es más fácil lograr doblegar al rival de turno. El territorio en el que dos recién descendidos de Primera, como el Granada y el Osasuna, estuvieron muy cerca de perder este mismo curso aún teniendo superioridad numérica sobre el terreno de juego. Ese lugar en el que, casi siempre, se sale a flote y en el que la visita del Reus, quizá, se convierta esta vez en el anhelado salvavidas.