Empezó la temporada tan mal con Agné que muchos pensaron en la posibilidad de ir pidiendo deseos a la Virgen de Candelaria por estas fechas. Ni el juego ni los resultados satisfacían a una afición que pidió un cambio y así se cumplió. Ahora con Martí, todo es diferente. Diez semanas sin perder es su mejor currículum para continuar un año más al frente del equipo y haber logrado, hoy, aunque sea una anécdota la permanencia.
Nadie piensa en eso, ni siquiera será posiblemente un titular en los compañeros de mañana. Porque la permanencia es, gracias al fútbol y al cambio, una mera anécdota de la temporada. La ambición de esta plantilla nos invita a soñar a todos y, sinceramente, a mi un punto en Córdoba me parece fantástico. Mientras no se pierda todo es esperar a dar el hachazo.
Y ese cambio de ritmo llegará a falta de cuatro jornadas, cuando todo el pelotón se una y empiecen a mirarse a los ojos esperando a los pinchazos, las pájaras…la falta de sodio y potasio que lleve al desmayo deportivo. Ese será el momento del Tenerife. Si está para pelear, ahí se plantará. Si el Universo prefiere que sea el próximo año, no se escapará más allá de junio de 2017. Porque la dinámica ya está lograda, y la máquina más que engrasada. Celebremos que un nuevo Tenerife ha llegado a nuestras vidas y que, como muy tarde, en doce meses volveremos a