Redacción Deporpress | El Tenerife de estas primeras jornadas del curso 2020-21 no ha encontrado aún la manera de conciliar su rendimiento entre defensa y ataque. Si se aplica en una tarea descuida la otra. Y viceversa. Ante el Espanyol, el mejor equipo de la categoría por presupuesto y futbolistas, los blanquiazules al menos hicieron un ejercicio encomiable de resiliencia.
El grupo que dirige Fran Fernández peleó lo indecible y, como anunció el propio técnico andaluz en la previa, fue competitivo ante el auténtico trasatlántico de esta Segunda División. Hizo una puesta en escena plena de energía en los primeros 20 minutos, con Nono y Shashoua como elementos de desequilibrio ante un líder que solo ha concedido un gol en ocho jornadas. Y luego, cuando los catalanes tomaron el volante del partido, juntaron líneas y minimizaron errores respecto a anteriores comparecencias.
Hasta ahí todo bien. Si no fuese porque, durante casi dos tercios del encuentro, los locales estuvieron a merced de lo que quería su rival. El Espanyol avasalló al Tenerife a través del dominio de las segundas jugadas y monopolizó el balón parado con hasta nueve córners y otras tantas faltas laterales. Con todo, no falló el Tenerife donde suele hacerlo y, por esa razón, esta vez puntuó y no se fue de vacío.
En la otra cara de la moneda encontramos la escasa producción ofensiva de los blanquiazules. Un disparo de Aitor Sanz casi al inicio de la cita, tras una jugada de Nono por la izquierda, y un remate de Shashoua, que se marchó desviado después de que Cabrera y Lluís López se esmerasen en dejar el balón franco para el inglés dentro del área, fue todo el arsenal de los isleños.
No hubo esta vez noticias de Moore. Tampoco de Fran Sol, al que cada vez se le va poniendo más cara de Joselu Moreno en la pelea y el desgaste que mantiene contra el mundo para intentar disponer de un balón en condiciones que le ayude a brillar, por fin, como el delantero que es. Salió sustituido, harto de correr y presionar, sin rematar ni una sola vez a puerta, algo desesperante para cualquier atacante.
Mientras Fernández avanza en la conjunción del equipo y logra ese equilibrio natural en cualquier equipo de fútbol que aspire a algo importante, este Tenerife actual se asemeja al ejemplo que puso el ‘Indio’ Solari cuando dirigía a los blanquiazules a principios de la década de los 90.
Sostenía el técnico argentino que aquel grupo previo a los éxitos de Valdano se resfriaba a menudo. Porque si se tapaba la cabeza, se le congelaban los pies. Y, si optaba por proteger las extremidades inferiores, le llegaba demasiado aire a la cabeza. A este Tenerife le sucede casi lo mismo. Su repertorio futbolístico es tan corto que, si opta por defender como hoy, renuncia casi por completo al ataque. Y si apuesta por tirar de repertorio ofensivo, multiplica sus errores en retaguardia. Lo dicho, casi igual que Solari y su famosa sábana.