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Rutinas

Por @MaverickGold

Cuando cada semana toca analizar la actualidad del CD Tenerife lo que solemos hacer es quedarnos únicamente con el partido más reciente. Pura inercia convertida en hábito. Si se ganó, todo está bien y la tranquilidad reina en el ambiente. Si se perdió, las cosas se ven con el prisma negativo y con la acidez de una crítica en ocasiones exacerbada y desmesurada.

El día a día no nos permite detenernos en encuadrar  todo el paquete completo. Lo que ha venido sucediendo semanas y meses atrás y no solo durante los últimos 90 minutos de la película. Pero con el Tenerife los exámenes son los del domingo, los del balón. Eso, que por otra parte es normal, le viene muy bien a los que esconden los vicios repetidos y la continua falta de rigor de otro proyecto fallido. El futuro puede mejorar lo pasado. O no. No tenemos ni idea de dónde va a acabar la temporada el Tenerife, o sí su pelea liguera será por posiciones de privilegio o por escapar de la quema. Pero sí podemos valorar el presente y el pasado. La famosa frase que versa lo de que el fútbol no tiene memoria le viene fenomenal a los que prefieren que no se les recuerde que el Tenerife hace muchos años que no engancha, que no enamora, que no atrae. Se ha convertido en un producto de rutina para muchos. Ir al Heliodoro cada dos semanas es como un ritual. Como cuando un domingo te levantas, te pones el chándal y vas a comprar churros. No lo haces entusiasmado, y a veces te preguntas qué haces yendo a buscar ese producto grasiento y que te pone los triglicéridos revolucionados. Pero vas, y los compras, y te vas a casa, y te los comes. Pura rutina.

Porque el Tenerife lleva años siendo una costumbre más que una pasión para muchos tinerfeños. Pero como se ganó en Ponferrada, el sábado volveremos a ir con la ilusión de presenciar un buen partido y ganar. Lo de atrás no se tiene en cuenta. La memoria selectiva no nos permite recordar que llevamos media temporada de enfados y frustraciones. Si en El Toralín se hubiera perdido, la semana hubiera sido apocalíptica, llena de reproches y acusaciones. Pero como ese escenario no se dio –afortunadamente-, lo que toca es esperar al sábado, ir al estadio, ver un partido y volver para casa. Y el domingo a por churros, que es lo que toca.