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‘Rumore, rumore’

Por @beatrizpalmero

 

Rumore, rumore… decía una canción de Rafaella Carrà con aquel ritmo discotequero de finales de los 70 y que escuché muchas veces a principio de los 90. Entonces, que creíamos entender el italiano mientras veíamos ¡Hola Rafaela! en la Primera, solíamos repetir ese ‘rumore, rumore’ cuando nos venían con un chisme o nos preguntaban si era verdad aquello que se decía en los corrillos de clase sobre uno. Tuve que esperar a disfrutar una beca Erasmus en Italia para descubrir que rumore no se traduce por el español rumor, sino por ruido. En nuestra lengua se ha producido una especialización en el significado del vocablo latino rumor, para referirse precisamente a esas informaciones que nos llegan disfrazadas de verdad pero que, en muchas ocasiones, son distorsiones, exageraciones, habladurías o medias verdades. Algo que, curiosamente, en la Teoría de la Comunicación también se llama ruido.

Según esta teoría, el ruido es todo aquello que interfiera en la comunicación de un mensaje que un emisor quiere transmitir a un receptor. El ruido puede producirse en el canal (una mala señal de televisión o de radio que se interrumpe), en el mensaje (si el emisor usa un lenguaje demasiado técnico para el receptor) o incluso en el emisor o el receptor (si tenemos migraña, por ejemplo, nos será más difícil concentrarnos y captar bien el mensaje). Y por supuesto, el ruido  puede ser intencionado, y a pesar de que lo primero que te enseñan en la Facultad es, precisamente, que la labor del periodista es intentar transmitir una información con el menor ruido posible, creo que en los medios de hoy encontramos mucha intención de hacer ruido.

El ejemplo fácil lo tenemos con lo que está pasando estos días (por no decir estos meses) en torno a Grecia. Cualquier ciudadano de a pie al que le preguntásemos destacaría que parte del dinero que debe el país heleno es a España y que es indignante que no quiera pagar y que ponga en jaque a la Unión Europea. Esa es la lectura más superficial. Lecturas más profundas nos llevarían a una visión muy diferente del problema, pero no interesa ahondar mucho en la cuestión. Tampoco es el propósito de este artículo.

Porque otro ruido interesado, y que me afecta más directamente, es el que vemos en el periodismo deportivo. Y así, enciendo hoy la tele, y veo que es noticia la madre de Sergio Ramos, un niño llorando porque no quiere que Bacca vista otra camiseta que no sea la del Sevilla y que Casillas se lanza a por un balón en la piscina de su casa, planchazo mediante. Información útil, cero. Luego más ruido, que si a Pogba lo quiere media Europa, que si De Gea lleva fichando dos meses por el Madrid… Nada tangible. Sólo se dice que, puede que, etc, etc. Y mejor no escruto la información local que me salen enemigos en cada esquina.

Qué hastío. Sin duda lo peor del verano es todo este ruido. Y luego me preguntan cómo puedo desconectar tanto en vacaciones siendo periodista. Y la respuesta es fácil porque incluso siendo profesional se debe trabajar mucho para distinguir lo que es paja y lo que es grano y son pocos haciendo esta tarea donde abundan los que hacen ruido.  Y luego es fácil decir yo lo dije primero cuando una media verdad se convierte en una realidad tangible. Por eso, cuando me hacen esa pregunta, contesto siempre lo mismo, como cuando iba al instituto, Rumore, rumore…