Por @MaverickGold
Cuando todo va bien, o regular pero sin ir mal, el ruido desaparece y queda la sensación de que los días pasan sin que suceda nada. Es el caso del CD Tenerife y su racha positiva de resultados tras estar al borde del abismo. Aunque más bien el que estuvo al filo del precipicio fue un Raúl Agné que ahora se aleja un poco del foco de las críticas. El ruido se ha alejado pero no se ha marchado.
Si nos detenemos a recordar episodios pasados en la historia blanquiazul percibimos que el ruido es habitual y cuando hay crisis hay bulla. Siempre está, solo que se atenúa cuando las cosas van bien o no van del todo mal. Es lo que pasa ahora. La pequeña escalada del cuadro de Agné, sumando siete de los últimos nueve puntos y con tres partidos sin perder, han calmado la agitación.
Un revuelo que nos volvió a recordar que en el Tenerife no hay crisis sin ruido; mucho ruido que en ocasiones viene de pequeños grupos discrepantes que hacen que parezcan una muchedumbre. El ruido en el fútbol es lo normal. Sin ruido no hay debate y sin debate no hay interés. Cuando el interés decrece llega el hastío, y el hastío trae indiferencia. Una indiferencia que hace que el silencio sea insoportable y haga falta volver a hacer ruido.
El pasado sábado el Tenerife empató en el último suspiro del partido en Almería, y provocó que se bajara el volumen de las críticas hasta hacerlas casi imperceptibles. La semana va transcurriendo sin que haya pasado nada relevante. Agné está tranquilo y en el horno vuelve a meter el pan para que dé para seguir comiendo, por lo que el debate se mueve por otras ciénagas, a la espera de que el ruido llegue a las altas esferas cuando se vuelva a mover el ciruelo de la renovación del consejo de administración.
Las Palmas pierde y hay ruido. A Rafa Benítez los oídos le chirrían después de la enésima acusación de amarrategui. Luis Enrique no puede evitar que el ruido, que hacía años que no aparecía en Barcelona, no lo deje tranquilo. Es fútbol, donde el ruido forma parte de este negocio. Porque sin ruido parece que el silencio es inaguantable. Porque ganar es aburrido y tenemos síndrome de abstinencia. Necesitamos ruido, y si no lo encontramos, habrá que hacer algo para generar estridencias.