Redacción Deporpress| Rubén Baraja regresará este domingo con el CD Tenerife al Carlos Tartiere, un escenario de mal recuerdo para el técnico pucelano puesto que fue allí donde terminó su etapa al frente del Sporting de Gijón. El ahora entrenador blanquiazul llegaba al feudo ovetense para dirigir a los rojiblancos en un derbi asturiano que cayó del lado local (2-1).
Su equipo no entró al terreno de juego como debía y antes del primer cuarto de hora ya perdía por 2-0 gracias a los tantos de Ibrahima Baldé (6′) y Oswaldo Alanis (14′). Carlos Carmona recortó distancias para el Sporting al convertir un penalti en el minuto 73, pero la ventaja concedida en el tramo inicial del encuentro fue demasiada para un partido de máxima rivalidad regional.
La mala imagen en el derbi acabó desembocando, un día más tarde, en su cese porque su trayectoria, hasta ese momento, era de 8 puntos sobre los últimos 33 posibles. Baraja se responsabilizó de todo lo sucedido ante el Real Oviedo y admitió, durante la rueda de Prensa celebrada en el Carlos Tartiere, que sentía «dolor por no haber estado a la altura de las expectativas de nuestros aficionados. Me frustra que en un partido tan importante como este en el que teníamos que vivir un partido como este ya fuésemos por debajo en el marcador en el minuto 15 por falta de concentración».
«No siento vergüenza –prosiguió Baraja tras ser cuestionado por ello– porque no creo que mis jugadores no lo pusieses todo. No salimos como habíamos hablado y ha pasado esto, pero la palabra vergüenza es muy fuerte. Es una derrota dolorosa y la gente está fastidiada por lo que hemos vivido y porque no estamos a la altura de lo que nuestra afición esperaba».
Las siguientes preguntas de su comparecencia ante los periodistas se encaminaron a la posibilidad de que presentase su dimisión, a lo que Baraja aclaró que su forma de pensar «no es la de rendirme, ni bajar los brazos. No he sentido que los jugadores se hayan dejado ir. No hemos hecho el partido que pretendíamos y estuvimos horribles, pero hay mucha distancia de ahí a rendirme o a pensar en abandonar».
Al día siguiente, el Consejo de Administración del Sporting de Gijón decidía cesarlo como entrenador y colocaba en su lugar a José Alberto, que era el responsable del filial del club rojiblanco.