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Roberto Gutiérrez: “Cuando el árbitro pitó el final, fue como si cayese una bomba de alegría”

Redacción Deporpress | Subió de la cantera al primer equipo. A sus 21 años, Roberto Gutiérrez vivía sus primeros pasos en el equipo de su tierra, en una plantilla con acento marcado canario. Aquella fecha del 2 de junio, el excancerbero blanquiazul tuvo que vivir los toros desde la barrera: en el banquillo. Sin embargo, la ilusión que desbordaba era única e irrepetible. «Disfruté personalmente como un niño pequeño. La celebración posterior fue en mi caso una semana de fiesta, pues es algo que uno puede no volver a vivir nunca. Viniendo de donde venía, sin haber conseguido grandes hitos, este hecho fue único para nosotros», confiesa a Deporpress en su recuerdo de aquella cita inolvidable para muchos.

En el camino hacia Hospitalet, Gutiérrez reconoce que «iba tranquilo e ilusionado. Veía las caras de concentración y tensión en mis compañeros. Incluso, los no convocados o quienes estaríamos en el banquillo posteriormente, nos encontrábamos igualmente ilusionados». El Tenerife traía del Heliodoro un 3-1 de ventaja, pero el gol de Cirio metió una presión enorme. En lugar de verse invadido por los nervios, respondió dando aliento a sus compañeros: «Cuando nos marcan, mi respuesta fue crecerme: me levantaba dando ánimos a mis compañeros, diciéndoles que se podía y que continuaran luchando».

En ese día 2 de junio de 2013, el Tenerife luchaba contra otro hándicap: el césped. «En un campo artificial de esa magnitud, es difícil jugar y ganar; tienes que estar preparado para que la pelota ruede, pues el balón iba a trompicones, como si fuese un conejo», confiesa. En los últimos minutos, no oculta que sufrió. «No estaba tranquilo, sino que sentía ese cosquilleo de que podían meternos o no ese gol que fuese definitivo; pero a la vez, confiaba en mis compañeros porque sabía que eran capaces de hacerlo. Sufrí, obviamente. Eran pelotazos arriba, pero luego recuperaban y nos volvían a atacar«.

Porque para conseguir retos, hay que pasar por un camino tortuoso que merece la pena si el final es feliz, como así sucedió. «Estábamos de pie en el banquillo, todos en la línea de banda y casi dentro del campo, diciéndole al árbitro que pitara el final; cuando lo hizo, fue como si cayese una bomba de alegría. Todos explotamos de felicidad blanquiazul».

Un regreso al fútbol profesional con dedicatoria. «Lo más especial fue devolver al club y afición a Segunda, con esa marea blanquiazul en la grada; esos son los más leales, dando la cara y animando siempre como así se vio. Se vio reflejado en todo el equipo”.