Por @ivanvillanua
En un plano estrictamente deportivo, Roberto Gutiérrez es como un niño que a temprana edad le ha tocado probar lo dulce y amargo de la vida sin apenas contar con una estabilidad familiar que le enseñe cómo afrontar los obstáculos que nos encontremos en nuestro camino. Y es cuando, de repente, aparece en su vida un profesor que lo ‘adopta’ como alumno y logra que, en apenas un suspiro, entienda que siempre hay motivos para sobreponerse a las adversidades.
A esto, hay que añadirle que por mucho que haga para aprobar con nota sus exámenes, siempre hay una parte del jurado que se presenta en el tribunal cada domingo que no está de acuerdo con sus exposiciones. Cuando hace la tarea perfectamente, porque se despistó en un momento de su alocución. Y si no, barra libre de suspensos. Si por más de uno fuera, Roberto hace días que hubiera sido expulsado del Colegio Mayor.
Ayer por ejemplo, en el gol de Lopo. Una defensa que empezó a retroceder hacia su posición y que a punto estuvo de ponerlo de florero debajo de la red. Sin apenas espacio para poder salir y meter los brazos. ¿De quién fue la culpa? De Roberto. Sí de él, ¡cómo se le ocurre encajar un gol ante un equipo aspirante al ascenso, que atosigó al Tenerife durante casi 40 minutos!
Esto no es un caso aislado. Cada vez que al chico le marcan un gol, Twitter prende fuego en su contra. Y creo, sinceramente, que ya basta. Espero que muchos coincidan conmigo en que desde que tomó las riendas de la portería hasta ahora su evolución ha sido positiva. Y, salvando los desastres colectivos ante Sabadell y Alcorcón, poco se le puede achacar a un futbolista que, junto a sus compañeros, han dado un espaldarazo a sus aspiraciones y han pasado de los puestos de descenso (donde por cierto jugaba otro profesional bajo los palos), a soñar con hacer otras cosas.
Presumimos de querer gente de la cantera y lo cierto es que cuando los pibes de aquí se ponen a jugar al final reciben más palos que ninguno. Queremos que todos sean como Suso o Ayoze Pérez y nos olvidamos que, si todos fueran estrellas del balompié ahora mismo estaríamos comprando la entrada para jugar contra el Bayern en Champions.
Roberto trabaja como nadie en el club de su vida. Y posiblemente cuando soñó con ocupar la portería no pensó que su peor enemigo lo tuviera en casa. Ser portero no es agradable. Y ninguno de los que ayer criticaron al chico en el uno a cero hubiera hecho nada mejor. Tener memoria histórica es importante: el Deportivo quiere subir a Primera. Nosotros salvarnos. Alguna diferencia habrá, digo yo.