Aleix Valero (Santa Cruz de Tenerife) | Chile, Bolivia, Uruguay, Noruega, Corea del Norte…y ahora Túnez. Richi González Dávila es un técnico de baloncesto nacido en Madrid pero candelariero de adopción, casado con la tinerfeña Lidia Mirchandani, que fue 34 veces internacional (y medalla de bronce en el Eurobasket 2001) que ha viajado alrededor del planeta para entrenar a clubes y selecciones haciendo del baloncesto no solo su pasión y trabajo; también una experiencia de vida.
El preparador se encuentra ahora en Túnez dirigiendo a la que ya es su cuarta experiencia en una selección nacional tras pasar por países tan diversos como los apuntados, y con el objetivo de mejorar el nivel del baloncesto tunecino en categoría femenina.
Allí prepara el próximo Afrobasket que se celebrará el próximo mes en Camerún, pero atiende a Deporpress para relatarnos cómo ha vivido cada una de estas experiencias y lo que le ha dado el baloncesto, tanto a nivel profesional como familiar.
Aleix Valero: El baloncesto le ha llevado ya a Chile, Bolivia, Uruguay, Noruega, Corea del Norte, Islandia y ahora Túnez… ¿Hay algún país más que se nos haya pasado?
Richi González: Solo ha faltado España (risas), pero sí he estado trabajando en todos esos países, bien como seleccionador o entrenador de clubes. He conocido prácticamente todo el mundo gracias al baloncesto. He viajado por toda Sudamérica por mi etapa en Chile y he conocido toda Centroamérica y gran parte de Estados Unidos, Cuba… Me siento muy afortunado por eso, viajar te enriquece, te hace conocer mucha gente y culturas diferentes, además de otros tipos de baloncesto.
AV: ¿Cómo surge ahora la opción de ir a Túnez? ¿Está entrenando a la absoluta femenina?
RG: Me contactaron en el mes de mayo para entrenar a la selección sénior femenina. En septiembre tenemos el Afrobasket en Camerún Me preguntaron si estaría interesado en hacerme cargo de la selección femenina porque querían hacer algún cambio. Querían un nuevo proyecto con todas las selecciones femeninas. En el último Campeonato de África quedaron últimas con resultados bastante malos, pero no me lo pensé lo más mínimo. Me apetecía muchísimo porque no había entrenado nunca en África. Mi mujer Lidia (Mirchandani, exjugadora de baloncesto) me apoyó como siempre, me lo puso muy fácil con los asuntos familiares. Es la cuarta selección internacional en la que estoy después de Uruguay, Chile y Corea del Norte. Para mí es un orgullo, me parece más meritorio entrenar a una selección fuera de tu país que en el tuyo propio porque significa que depositan en ti toda la confianza del futuro del baloncesto de su país. Me motiva muchísimo ser el primer español que entrena a Túnez, espero que mis hijos estén muy orgullosos de la carrera deportiva de su padre. No tuve ninguna duda y aquí me vine, estoy muy contento porque todo está yendo bien, se están cumpliendo mis expectativas, está siendo una experiencia muy enriquecedora.
AV: ¿Qué fechas tiene el Afrobasket y qué objetivos se ha marcado con la Federación tunecina?
RG: El campeonato se celebra en la capital de Camerún, Yaundé, del 17 al 26 de septiembre y nos ha tocado en el mismo grupo que Mali, que es una buena potencia en femenino y con Costa de Marfil. En África hay selecciones top a nivel mundial como Nigeria, Senegal o Camerún, que tienen jugadoras en la WNBA o en el baloncesto europeo. Hay selecciones muy físicas, difíciles. El objetivo es competir, que en el último campeonato no lo hicieron contra Nigeria, Camerún o Costa de Marfil. Queremos subir el rendimiento del equipo, es una plantilla veterana, queremos meter gente joven, de futuro, con energía y me he encontrado con jugadoras de proyección y ganas de mejorar. Estamos entrenando con 15 jugadoras a lo largo del país y de ahí saldrán las 12 del campeonato y la media de edad es de 24 años ahora mismo. Tenemos mucho margen de mejora, creo que es un equipo de futuro y haremos un buen campeonato. El objetivo es intentar ganar a Costa de Marfil y competir contra Malí.
AV: ¿Es un baloncesto más parecido al europeo el tunecino?
RG: Países como Túnez o Egipto son algo diferentes al resto de países de África. Es un baloncesto diferente porque el físico es diferente, son equipos que no pueden basarlo todo en el físico porque no pueden competir contra selecciones como Nigeria o Camerún. Solo tenemos a una jugadora que ha estado en Europa, luego hay alguna que lo hace en Marruecos… hay que trabajar mucho a nivel táctico, adaptar el estilo de juego que queremos y cambiar cosas en defensa. La predisposición de las jugadoras es extraordinaria, estamos muy contentos.
AV: Imaginamos que nada tiene que ver ni en baloncesto ni en experiencia profesional y personal vivir y entrenar en Túnez que en Corea del Norte.
RG: Ninguna experiencia es comparable a la de Corea del Norte. En los demás países puedes dedicar tiempo a otras cosas, además de al baloncesto. Túnez es un país precioso, con unas playas maravillosas, la gente es muy hospitalaria, simpática y acogedora. Te abren las puertas de par en par, la vida aquí es muy fácil. En Corea del Norte mi vida era entrenar y en los días libres jugar al tenis de mesa o hacer turismo. Además allí en invierno hace muchísimo frío, 15 grados bajo cero, me río del frío de Islandia o Noruega; es incomparable. Allí todo es diferente y las comunicaciones muy complicadas, nadie habla inglés y necesitas un traductor, te sientes más incomunicado y apenas sales de entrenar y de preparar los entrenamientos. Pionyang es una ciudad maravillosa, si alguna vez se abre al mundo será muy visitada, podría ser top mundial. Para mí fue todo súper bonito, a nivel personal con mucha riqueza.
AV: ¿Qué trabajo ya hecho se ha encontrado en la selección? ¿Cuál es el nivel del básquet femenino allí?
RG: Hemos tenido que empezar prácticamente desde cero. Desde el Afrobasket 2019 hasta la fecha no ha habido competiciones internacionales, el COVID lo ha parado todo. Estos dos últimos años no se ha hecho nada con la selección. Quería verlo todo, no dejarme influenciar por lo que me dijeran o por lo que haya podido ver del último campeonato. Me gusta llegar, ver las cosas por mí mismo y tomar decisiones. Quería buscar energía, gente joven, cambiar la mentalidad un poco, otra forma de jugar. Ha sido fácil porque tenemos más de dos meses para preparar el campeonato, es tiempo suficiente. Hemos trabajado con un grupo de 60 jugadoras, pasamos a uno de 18 con las que trabajamos 10 días mañana y tarde en un Centro de Alto Rendimiento y ahora estamos en Monastir que es preciosa, con 15 jugadoras hasta que nos decidamos por las 12 que irán al campeonato en las mejores condiciones posibles. Estoy contento y muy motivado, no vamos a participar solo, queremos ganar partidos.
AV: ¿Cómo se valora al técnico español de baloncesto fuera de nuestro país? Parece que se le respeta más que aquí mismo, ¿es así?
RG: En mi caso siempre me he sentido muy valorado a nivel profesional y personal. Es un orgullo que te den una selección nacional en otro país, diriges el baloncesto de otro país y es un orgullo. El entrenador español está muy bien valorado en todo el mundo porque trabajamos con éxito. Estamos fuera y es difícil triunfar lejos de tu casa, estando solo muchas veces. Tiene ventajas y contras. Hay muchos ejemplos de entrenadores españoles que han dirigido clubes y selecciones con éxito. Es un tema de preparación, mentalidad, hemos sido mejores cada día. He podido estar en muchos lugares diferentes que te enriquece mucho a todos los niveles.
AV: ¿No le han salido opciones en España, o prefiere seguir recorriendo mundo y aprovechar el baloncesto para vivir experiencias y culturas diferentes con la familia?
RG: He tenido posibilidades para entrenar en España, pero es muy difícil competir con las condiciones que te ofrecen en el extranjero. No solo a nivel económico, que están muy por encima, también a nivel familiar. En Islandia por ejemplo no es solo el sueldo, te pagan el colegio de los niños, te ponen coche, casa, ayuda para comer, gasolina… En casa no tienes esas cosas. Demás están las vivencias que te da el baloncesto, las posibilidades de conocer otras competiciones y tipos de baloncesto. He entrenado en cuatro continentes, me queda Oceanía, que lo haré. Son cosas incomparables, en España solo me ha faltado entrenar en ACB, pero no lo cambio entrenar uno o dos años en ACB por todos los años y experiencias que he tenido fuera. Mi pasión se ha convertido en mi profesión, he tenido la fortuna de ser el primer español en entrenar en cinco países diferentes, a cuatro selecciones nacionales. Eso te hace sentirte muy afortunado y no lo cambiaría por nada. Mi hija tiene 6 años recién cumplidos, habla español e islandés de manera perfecta, bastante inglés y polaco también, por sus mejores amigas. A mi hijo le costó un poco más porque fue con dos meses a Islandia y aprendió dos idiomas a la vez, eso es un patrimonio maravilloso que dejas a tus hijos. Salí de España para ir a Chile y la experiencia fue maravillosa, Lidia ganó la liga chilena siendo la MVP con 38 años. Teníamos claro que queríamos seguir viviendo estas experiencias, es algo incomparable a cualquier otra cosa. No vamos a perder el espíritu aventurero, veremos dónde nos lleva el baloncesto. Mis hijos van siendo mayores y se van enterando de las cosas y seguro que se sienten orgullosos de las trayectorias de sus padres.
AV: ¿Podría decirnos una cosa positiva y una negativa de entrenar y vivir en cada uno de los países en los que ya ha estado?
RG: En cuanto a las cosas positivas no puedo ser muy original. Lo mejor son las personas y amigos que vas haciendo y dejando en todos los países. En cada lugar se queda una parte de ti, sea más o menos. Dejas amigos para toda la vida, tengo amigos en Chile, Bolivia, Islandia, Noruega…Muchas veces te falta tiempo para hablar con toda la gente. He tenido la gran suerte de que me han vuelto a llamar de Chile y Bolivia, sigues dejando buenos amigos y contactos. Sigo las ligas de los países en los que he estado porque se queda una parte de ti y los sientes como tuyos. A nivel deportivo llegué a Chile siendo la quinta de Sudamérica y en los años en los que estuve ganamos cuatro medallas y peleábamos junto a Brasil y Argentina por ser los mejores. Fue extraordinaria y después ganamos la liga de Chile siendo imbatidos. En cuanto a lo negativo solo la distancia con Sudamérica, con vuelos de 12 a 14 horas, de Túnez solo el calor, nunca he pasado tanto calor como aquí, que hemos llegado a 50 grados. De Corea del Norte el estar incomunicado, solo podías hablar por teléfono con tu familia, no existen las redes sociales y se hace cuesta arriba si estás mucho tiempo. En Islandia y Noruega están adaptados al frío y no te da sensación de frío, he pasado más en Burgos y Corea del Norte. Pero lo más complicado eran las horas de oscuridad en invierno y de luz en verano, pero convives con ello, es imposible siempre tenerlo todo.