Redacción Deporpress | 23 de junio de 2016 y 24 de junio de 2019. Dos fechas para el olvido de José Luis Martí. Pese a su corta carrera en los banquillos, el técnico balear ha vivido ya una doble pesadilla estando despierto. Las finales de promoción de ascenso a Primera se han convertido en una auténtica maldición para el que fuese capitán, jugador y entrenador del CD Tenerife, privándole de una doble oportunidad en forma de rúbricas hacia la élite del fútbol español.
Pep arrancó el curso 2018/2019 sin deberes. Huérfano de equipo. Sus precedentes en el equipo blanquiazul no fueron suficiente argumento para los clubes profesionales a la hora de contar con sus servicios. Pero la paciencia y el tiempo ofrecen recompensa a quienes son pacientes. Los números de Natxo González en el Deportivo le abrieron las puertas de la escuadra coruñesa. La presión era máxima: devolver a Primera a un histórico a las primeras de cambio. Nueve partidos se sentó en liga bajo la dirección de los deportivistas, viviendo su estreno frente al Osasuna en El Sadar. Difícil plaza ante un intratable líder que terminó en pinchazo. No fue un arranque fácil. En su aterrizaje en Riazor, el Extremadura le arrancaba tres puntos. No cayó en el nerviosismo pese a las primeras dudas en el aire. Arrancó el vuelo desde entonces junto a su hombre de confianza, Fabián Rivero, con siete triunfos, dos empates y dos tropiezos que le permitieron sacar billete con destino a playoffs como sexto clasificado.
Llegaba el momento de la verdad. Una plaza para cuatro equipos. Todo o nada. Lo firmado en liga regular valía de poco, más allá de tímidas ventajas que a veces se vuelven contraproducentes en estas rondas eliminatorias. Riazor se convirtió en el número doce para reponerse al gol de Luis Hernández y posteriormente de Ontiveros, firmando una épica remontada frente al Málaga (4-2). En La Rosaleda, los de Martí sufrieron, pero tiraron de oficio para acallar a la afición andaluza con una diana de Bergantiños. El Dépor, a un solo paso del ascenso.
Le esperaba su casa. Su tierra natal. El equipo de su tierra se tornaba en enemigo: el Mallorca. Los bermellones habían dejado en la cuneta en semifinales al Albacete. Tocaba ponerse el mono de la profesionalidad frente al amor de su vida, de quien había defendido sus colores durante una década como futbolista. Pero el fútbol no entiende de sentimientos. El 20 de junio, Coruña tocaba el regreso con una mano: 2-0 a los mallorquinistas en Riazor con dianas de Fede y Quique. La Primera, más cerca.
Pero el deporte rey es imprevisible. Vive del presente, no del pasado. José Luis Martí volvió a vivir un Déja Vu en clave blanquiazul, aunque en una ciudad diferente. El escenario también cambiaba: Getafe daba paso a Mallorca; el Alfonso Pérez, a Son Moix. Su casa se convirtió en una encerrona. En una pequeña traición. Porque cuando quiere, el fútbol es cruel. Con todo en la mano, el Deportivo grande de la ida se empequeñeció en la Isla fruto de un resultado positivo que puede jugar en contra si no lo rentabilizas bien. Otra vez, tres goles en contra en una final, pese a haber allanado el camino en la ida –con el Tenerife, ganó 1-0 al Getafe en el Heliodoro-. Los baleares creyeron y se llevaron el premio gordo: el ascenso. Budimir abría el telón, Salva Sevilla infundía el miedo y Abdón Prats confirmaba la tragedia. Otra vez, Martí se quedaba a medio camino, saboreando un caramelo que se le caía al suelo antes de terminarlo.
Girona podría ser su tercera oportunidad. La que vaya a la vencida. Para ello, cuenta con una de las mejores plantillas de Segunda, en una inagotable cantidad de recursos individuales. Después de los malos números de su predecesor, Juan Carlos Unzué, camina con la intención de aprender de errores pasados. Hasta la fecha, cinco triunfos, dos igualadas y otras tantas derrotas. 2020 dirá, pero la despedida de 2019 ante el Mirandés –cayó 0-3 en Montilivi- se convierte en un aviso de que no será nada fácil. Con 31 puntos, los gerundenses van octavos, pero en la pomada junto a una ingente cantidad de equipos. El playoff, a un punto. Mucha carrera de fondo donde, esta vez, Martí quiere sonreír hasta el final.