Redacción Deporpress | Sergio Rodríguez continúa quemando capítulos en su carrera deportiva. A sus 33 años, el ‘Chacho’ sigue inmerso en una eterna juventud donde su baloncesto hace disfrutar a los amantes del deporte de la canasta. El máximo exponente del baloncesto tinerfeño y una de las grandes figuras de dicha disciplina en España vivió un verano agitado durante este pasado 2019, repleto de emociones y decisiones.
Porque si para la mayoría de los mortales, el verano es sinónimo de tranquilidad, para el base de San Cristóbal La Laguna no fue así este pasado periodo estival. Meses de reflexiones y decisiones donde se jugaba su futuro inmediato.
Una de sus primeras elecciones vino con cambio de club incluido. Un fin de ciclo en Rusia. Sergio decía adiós al frío del este después de dos años en las filas de uno de los grandes del continente: el CSKA Moscú. Lo hizo por la puerta grande, cumpliendo uno de sus grandes propósitos cuando aterrizaba en la capital del Kremlin: ser campeón de Europa. No falló en su intento. Se marchó tras dos años con el título de vencedor de Euroliga bajo el brazo, doblegando en la final del Buesa Arena al Anadolu Efes Turco (83-91), convirtiéndose además en el primer jugador español que ganaba dicha competición con un club extranjero.
Otra decisión importante vendría en clave nacional. Tras una temporada de reflexión, el ‘Chacho’ anunciaba oficialmente que se tomaría un descanso, renunciando a su presencia en el Mundial de China 2019, de donde la ÑBA 2.0 se proclamó campeona por segunda vez en su historia. Un dilema cuya resolución no terminó de convencer a todos, dando un paso al costado tras 15 años de omnipresencia bajo los colores de su país. Renunciaba porque necesitaba parar, no encontrándose ni física ni mentalmente en condiciones para sumar a favor del equipo, recargando fuerzas a través de su familia. Ya ha dejado la puerta abierta a un posible regreso en los Juegos de Tokio 2020.
La marcha de la capital rusa conllevaba un nuevo destino: Lombardía. La ciudad de la moda, Milán, esperaba al talento tinerfeño. Otro gigante del baloncesto europeo llamaba a sus puertas: el Armani Milano, bajo las órdenes de Ettore Messina. Incluso, durante la etapa de rumorología, sonó con fuerza su regreso a España –Valencia Basket o Real Madrid como principales estándares-, pero no sucedería así. Una mudanza del frío del este de Europa por el calor de Italia. Y siempre, acompañado de su familia: su mujer y sus hijas.
Su baloncesto no caduca, firmando durante este presente curso un derroche de repertorio y alternativas en su juego, rubricando las mejores estadísticas de siempre en la competición reina: la Euroliga. Él es el líder del conjunto lombardo, donde el resto juegan al ritmo que el tinerfeño marca dentro del parqué. Como decimos en Canarias: un puntal. Ahora, los suyos luchan por hacerse con un pasaporte a los playoffs finales. Porque Sergio Rodríguez todavía tiene cuerda para rato.