Redacción Deporpress | El mercado de fichajes siempre promete emociones con el CD Tenerife. Suenan muchos nombres, posibles retornos y alguna que otra ilusión frustrada. El equipo blanquiazul arrancaba el 2018 con una premisa clara: reforzar la plantilla para intentar el milagro en la segunda vuelta. Se acertó en los refuerzos, pero se llegaba tarde.
La premisa para enero era clara: dar un evidente salto de calidad. El anterior director deportivo, Alfonso Serrano, acertaba de pleno con dos fichajes que han dado un rendimiento óptimo en la Isla: Luis Milla y Álex Mula. El mediocentro madrileño llegaba del Fuenlabrada en propiedad, previo pago de 500.000 euros a la entidad fuenlabreña. Mientras, el extremo barcelonés aterrizaba en la Isla vía cesión debido a la escasez de minutos en Primera con el Málaga.
Los blanquiazules finalizarían la temporada con la sensación de que había plantilla para algo más. Mula aportó tanto desequilibrio como goles por su banda izquierda, siendo un auténtico puñal que se convirtió en un quebradero de cabeza para las defensas. Mientras, Milla ofrecía el criterio que demandaba el equipo en el mediocampo con numerosas dosis de calidad.
Pero había que construir un nuevo proyecto para la 18/19. Samuele Longo salía de manera precipitada para recuperarse de su lesión, perdiéndose la etapa final con los tinerfeños y quedando desiertos en la faceta goleadora. Una temporada finiquitada por debajo de las expectativas, destrozando las ilusiones generadas tras una campaña previa que acababa con un equipo a un paso del ascenso.
Había que rearmarse, pero la construcción de una plantilla con tanta calidad individual resultaba complicada. Víctor Casadesús también se marchaba a disgusto de la Isla, descontento con la entidad en muchos sentidos y, aunque hubo petición expresa porque Joseba Etxeberria quería contar con él para la vuelta, finalmente puso rumbo a Alcorcón en búsqueda de un nuevo destino.
La salida de Mula, Longo y Casadesús vino acompañada por otras más inesperadas. Una de ellas: la de Vitolo. El segundo capitán del CD Tenerife dejaba una entidad a la que había estado vinculado en su segunda etapa tras el último ascenso a Segunda División. El de Valleseco no entraba dentro de los planes del nuevo proyecto pese a contar con contrato en vigor hasta junio 2019. El mediocentro decía hasta pronto a la Isla después de ocho temporadas en el primer equipo, 221 partidos oficiales como blanquiazul y como vigésimo segundo en el escalafón histórico de la entidad.
Una salida de índole deportiva que también marcaba la salida del gallego Juan Carlos. El futbolista era del agrado de un importante sector blanquiazul, con buenos registros goleadores y de asistencias, pero fue sacrificado debido a que no casaba con el estilo de Etxeberria. Requería de unos minutos que el técnico vasco no estaba dispuesto a ofrecerle por cuestiones meramente futbolísticas. Un mediocentro ofensivo con un perfil asociativo que se asocia precisamente a lo que quiere José Luis Oltra. El gallego marchaba a Almería a coste cero, en una decisión que no gustó a muchos por ‘regalar’ a un valor activo del club.
Y la mayor sorpresa de todas venía con Juan Villar. La gota que colmó el vaso para muchos. El extremo andaluz registraba unos números de cara a gol envidiables para cualquier extremo de la categoría. Acierto innato. 9 goles en 25 partidos con la elástica blanquiazul. Y pudieron ser más de no haber sido por su calvario con las lesiones. El buque insignia del nuevo Tenerife solo duraba una temporada, poniendo rumbo al Atlético Osasuna por petición expresa suya y, según sus propias palabras, descontento por el trato dispensado a su lesión. El atacante andaluz dejaba a la afición blanquiazul con las manos en la cabeza mientras puso rumbo a tierras navarras, previo pago de 850.000 euros como compensación.
La capacidad de respuesta a todo ello: apuesta por el bloque colectivo. El Tenerife no pudo llegar a los emolumentos ambiciosos manejados durante el verano de 2017. La idea derivaba en la llegada de hombres con números contrastados en el pasado pero en horas bajas, unido a apuestas arriesgas y otras tantas desconocidas.
Nano y Naranjo tendrían la difícil papeleta de hacer olvidar a los Longo, Villar y compañía, formando una doble ‘N’ junto a Filip Malbasic en ataque, cuya continuidad también estuvo en entredicho hasta última hora. Hasta la fecha, ni uno ni otro han reencontrado su mejor versión que les elevó el caché en su momento: Nano, con sus 14 goles en la 15/16; y Naranjo, avalado por las 15 dianas en el Nástic en idéntica temporada.
Junto a los dos fichajes de más renombre, la plantilla se completaba con una apuesta personal de Etxeberria (Iker Undabarrena); un lateral con un recorrido discreto en Primera (Héctor Hernández); un trotamundos de clubes de 22 años propiedad del Chelsea (Joao); y una apuesta del club en el mercado exótico de Tanzania (Chilunda).
Un 2018 de sinsabores que espera paliarse con un mejor sabor de boca en clave blanquiazul para 2019. Una tarea que depende inicialmente de la secretaría técnica del Tenerife, con Víctor Moreno a la cabeza, y que debe tener recorrido posteriormente con un rendimiento óptimo de los futuros refuerzos blanquiazules en la Isla.