Por @rondoscutillas
El CD Tenerife inicia un nuevo ciclo en su banquillo. José Luis Martí es, desde el domingo, el tercer técnico con más partidos en la historia del club (108), solo por detrás de José Luis Oltra (128) y Álvaro Cervera (110). El balear accede al podio con el aval de haber recuperado la ilusión de una entidad que, hasta que él empezó a ejercer de entrenador, se había acostumbrado a los sinsabores de la media tabla y residía en la nostalgia conformista del ‘cualquier tiempo pasado siempre fue mejor’.
El mayor legado de Martí fue dejar a los blanquiazules a un tanto del ascenso el curso pasado, justo el siguiente de haber sacado a los isleños, sin experiencia previa en un banquillo profesional, de una pesadilla peor que la actual. Su fracaso en este ejercicio fue no ser capaz de formar un equipo que compitiese con cierta regularidad con una plantilla de mayor calidad de la que disfrutó cuando se quedó en la antesala de Primera. Ese y también que, pese a firmar el mejor arranque en Segunda en las jornadas iniciales, luego no encontró la manera de impedir que el equipo se diluyese en la mayoría de las salidas fuera de casa. O no hallase la fórmula para doblegar, ni una sola vez, a ninguno de los 11 primeros clasificados.
El adiós se produjo tras la derrota en Granada, que suponía sumar únicamente 1 de los últimos 12 puntos posibles. La inercia negativa que arrastra este Tenerife volvió a pasar factura en Los Cármenes, donde encajó goles desde fuera del área de los que entran 2 de cada 100 y, precisamente, te tocan en el mismo partido. Luego, con el 1-2 en los minutos finales, otro remate de Villar fue a parar al palo tras ser desviado por un defensa.
La bombilla de Martí se había fundido desde la derrota en casa contra el Barcelona B y, esta vez sí, en el Tenerife se dieron cuenta de que no iba a volver a encenderse si no se sustituía por otra. La despedida, o el hasta luego como se ha encargado de definirlo el presidente Miguel Concepción, duele porque afecta a alguien a quien ya se apreciaba mucho en la isla desde su época de futbolista y al que, junto a su familia, siempre se ha sentido como un tinerfeño más en el día a día.
Las malas dinámicas en el fútbol son peligrosas y, como todo en la vida, no suelen corregirse solas. Así que Alfonso Serrano ha tocado el botón del revulsivo justo cuando la marea de la zona de descenso se aproxima al cuello de un equipo que necesita volver a ganar como el comer. Joseba Etxeberría tendrá, ahora, la difícil misión de desactivar las urgencias mientras construye el equipo que Martí no pudo armar en 25 jornadas y le saca el jugo a una plantilla que, ni de lejos, ha sido capaz de rendir este curso a plena satisfacción.
Mientras los futbolistas asimilan las nuevas ideas, el Tenerife recibirá este domingo al Córdoba. Los andaluces, a 10 puntos de la salvación, vendrán a dejarse el alma. Será un rival herido y espoleado por la derrota en el descuento ante el Barcelona B (1-2). Un choque envuelto por la prisa de ambos en sumar de tres en tres cuanto antes y en el que, curiosamente, convergen dos rivales que se niegan a mirar ya más allá de cada fin de semana para no consumirse en sus propias necesidades. Las de los blanquiazules, ahora más que nunca, pasan por comenzar a ahuyentar fantasmas. Sin más excusas. Con más hechos que palabras. Y, a falta de otros argumentos que requerirán de más tiempo para demostrarse, a base de resultados.