Sábado, 23 de noviembre de 2013. En el estadio Marc’Antonio Bentegodi no cabe un alma. Hellas y Chievo Verona protagonizan el derbi de la ciudad. En el minuto 90, un balón le llega a Lazarevic. El delantero esloveno anota el único tanto del encuentro. El Chievo se imponía a domicilio al Hellas. Los seguidores del segundo equipo de la ciudad saltaban de alegría rodeados de innumerables muñecos de burros con alas. Aquello, aunque muchos no lo supieran, tenía un significado muy especial.
La AC Chievo Verona había sido fundada en 1929 en el barrio veronés que le da nombre. Fue un grupo de fascistas los que, bajo la denominación de Operazione Nazionale Dopolavoro Chievo, pusieron en marcha este proyecto con muy poco éxito. El club desapareció, siendo refundado tras la Segunda Guerra Mundial.
El cambio tendría un nombre, el de Luigi Campedelli, empresario veronés vinculado al mundo de la pastelería que decidió adquirir la entidad en la década de los 60. Años más tarde pasaría a denominarse Paluani Verona, por el nombre de la empresa de Campedelli. El equipo llegaría a la Serie B, la segunda categoría italiana. El milagro sa había conseguido.
Y es que, el barrio de Chievo solo tiene 2.500 habitantes, muchos menos que Vallecas, pero, por si eso fuera poco, su tamaño es veinte veces inferior que, por ejemplo, Getafe, otro pequeño club en la máxima categoría. El Paluani Verona pasó a llamarse Chievo Verona con el fin de poder atraer a los desilusionados seguidores del Hellas Verona, que había logrado ganar un scudetto, pero que merodeaba ahora en las divisiones inferiores.
El técnico Luigi del Neri logró que el equipo ascendiera a la Serie A en 2000, tras un vibrante encuentro frente a la Salernitana y, a partir de ahí, gracias al buen ojo ojo a la hora de fichar por parte de la secretaría técnica del Chievo, el milagro ha seguido en pie. Paradójicamente, a pesar de que cuando hablamos de fútbol moderno lo hacemos mucho de unos derechos televisivos que en cierto modo han adulterado las competiciones, la historia del Chievo, una historia que no deja de tener un cariz romántico, no habría sido posible sin el dinero de los operadores televisivos. Simplemente sin ese dinero un club tan modesto no podría competir de tú a tú con Juventus, Milan o Roma. Por una vez el fútbol negocio permitió que un milagro de este calado se produjera. Desde que el Chievo ascendió en 2000, con más o menos apuros, ha logrado mantenerse entre los mejores durante doce años de manera consecutiva.
Se nos quedaba atrás la explicación de los burros voladores: en 1985 el Hellas Verona fue campeón de la Serie A. Aún a día de hoy es un hecho histórico, pues ha sido el único club en la historia del fútbol italiano que lo ha conseguido sin pertenecer a una capital de región. Se había impuesto al Nápoles de Maradona, a la Juve de Platini y su rival ciudadano se desengraba en la Serie D, la cuarta categoría. Los radicales seguidores del Hellas cantaban por aquel entonces que solo verían un derbi en Serie A cuando los burros volaran, en alusión al animal que aparece en el escudo del Chievo. Nunca imaginaron, no solo que se medirían en la máxima división transalpina, sino que el Chievo saldría victorioso.