Redacción Deporpress | Este lunes, 2 de junio, se cumplen exactamente 365 días del ascenso del CD Tenerife a Segunda División. Una semana de intensas emociones, multitud de entrevistas y millones de mensajes en las redes sociales que desembocaron en el partido de la Feixa Llarga. Pero, recordemos como fue aquella semana de éxtasis blanquiazul. El conjunto tinerfeño eligió la localidad barcelonesa de Castelldefels, alejados del mundanal ruido, a pocos minutos del campo del Hospitalet y con unas impresionantes vistas al Mediterráneo.
Así es el hotel Don Jaime I, en Castelldefels, cuartel de concentración del CD Tenerife, un recinto tranquilo tranquilo, si bien es cierto que ese fin de semana dicha tranquilidad se vio interrumpida por cuatro enlaces matrimoniales repartidos entre viernes y sábado. Es por eso que se pueda observar como la plantilla paseaba por las instalaciones mientras operarios del hotel colocan alfombras rojas, velas y todo tipo de atrezzos a la espera de la llegada de los novios y sus comensales.
En ese hotel, Miguel Concepción departía con sus consejeros y con los numerosos aficionados que intentaban arañar la última foto del Tenerife como equipo de Segunda División B. Diez y media de la mañana en Castelldefels. Todos los medios de comunicación acreditados esperan la llegada de un esperanzado Miguel Concepción. El presidente acompaña al equipo con la ilusión de poder ver el próximo domingo al club, de nuevo, en el fútbol profesional. En trece minutos hizo un amplio repaso a la actualidad blanquiazul y a cómo se puede vivir el encuentro de mañana en Hospitalet. «Estamos muy animados, somos optimistas y lo que esperamos es que llegue cuanto antes la fecha para disipar todas las dudas, porque vamos a recuperar la categoría que nunca debimos perder». Discurso con palabras de ánimo y altivas, pero siempre con la tranquilidad que caracterizaba al máximo mandatario blanquiazul en aquellas fechas.
Por su parte, el conjunto blanquiazul ultimaba su preparación. Eliminar tensiones es fundamental horas antes de un partido tan importante como el que el Tenerife afrontaba ante el Hospitalet ese domingo 2 de junio. Por eso, ver a los jugadores tranquilos (y no por ello más que concentrados), es un alivio. El último entrenamiento de la semana duró apenas 50 minutos. Lo que el Florida CF, equipo que cedió el terreno de juego a los insulares, permitió a los tinerfeños poder ejercitarse en su campo. Cervera dividió en tres rondos a la plantilla y los porteros entrenaron aparte. Luego hicieron algunos ejercicios en colectivo y terminaron la sesión, sin más contratiempos, con varios disparos a puerta. En un campo artificial seco y donde el técnico evitó la sobrecarga muscular de los suyos. Vuelta al hotel. Quedaba lo más difícil, la espera hasta el domingo a las 12 del mediodía.
La previa de este partido era la previa del sueño de la noche del sábado anterior a su disputa. El mejor resumen de estas letras son las continuas vueltas que los elegidos darán en la cama imaginando cómo podrá ser el encuentro más esperado de la temporada. Pero no solo los protagonistas que estaran sobre el césped, sino también los más de 1.200 aficionados que ese sábado por la noche, descansaban (o se perdían en los bares de Castelldefells) pensando en el día más soñado. Amanecía en Barcelona. Primeros destellos de luz en un día que sería inolvidable. Que el partido fuera por la mañana animaba a levantarse temprano y emprender camino hasta la Feixa Llarga. 10:30 de la mañana, comienzan a llegar los primeros blanquiazules. Una vez habían partido desde el bar de concentración, la llegada hasta el estadio del Hospitalet no fue ni mucho menos tranquila. cánticos, banderas, bufandas e ilusión. Sobre todo, mucha ilusión.
Las 12. No va más. Balón en juego. Y nervios. Muchos nervios. Los blanquiazules se dejeban notar frente a los franjirrojos, a pesar de que estos eran más numerosos. Esta es la historia del partido más difícil de la temporada. De 90 minutos donde nadie estuvo tranquilo. Y eso que mil aficionados blanquiazules se presentaron en la Feixa Larga para animar a los suyos. El estadio se vistió de blanquiazul y los cánticos silenciaron a una grada local que no entró en calor hasta bien entrada la primera parte. Pasaron los minutos, Álvarez sacó todo el armamento, pero el gol de Cirio, que durante unos minutos hizo que más de uno temblara sobre la grada del recinto barcelonés, no les fue suficiente. Vicente Moral hizo un amago de dar por terminado el partido. Amago también de celebración, pero solo era fuera de juego. Tuvieron la última, pero el destino le tenía reservada la plaza al Tenerife. A los dos minutos pitó definitivamente. El Tenerife invadió el campo, invadió los corazones de una isla y levantó la mano: Adiós a la España profunda del fútbol español.
En la celebración, muchas imágenes para el recuerdo. Un vestuario inundado literalmente y donde hasta el presidente blanquiazul tuvo su sesión de baño y masaje. Tinerfeños orgullosos de su escudo y conscientes de que habían conseguido una gesta histórica: devolver a una entidad histórica en el fútbol español a categoría profesional. Pero, quizás, lo que quedará marcado en el recuerdo, es la imagen de un Álvaro Cervera, a mitad de camino entre el dolor y la alegría. El dolor de que sus padres no pudieran vivir en persona la alegría probablemente más importante de su carrera como entrenador. Sus lágrimas eran las de toda una Isla, que suspiraba por haber abandonado uno de los pozos más hondos del fútbol en categoría profesional. Solo fueron dos años, pero esperemos que sena muchos más los que estemos de nuevo sin pisar la Segunda División B, porque muchos históricos han bajado. Y algunos, todavía, no han conseguido salir. Así se vivió, en imágenes, el ascenso de Hospitalet.
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