Por @fllombet
Los números mandan, para lo bueno y para lo no tan bueno. Y éstos, en Liga Endesa, hablan ahora de cuatro de cinco derrotas para Iberostar Tenerife en los últimos enfrentamientos.
Unos registros previsibles con semejante calendario. Solo la excelente trayectoria de los nuestros abría una mínima posibilidad en los pronósticos de cada uno de esos choques. Derrotas ante Valencia, Murcia, Andorra y Unicaja no se pueden catalogar como errores en los aurinegros si miramos las plantillas de los rivales.
Pero tampoco deja de ser cierto que las sensaciones, cuando se ha perdido, son diferentes a cuando se hacía en el primer tramo de competición. El equipo parece haberse vuelto más terrenal, más previsible en los puntos fuertes individuales y colectivos. En cada partido encontrábamos a alguien con capacidad para desequilibrar, y casi nunca era el mismo protagonista. En ataque la fluidez en la circulación de balón era un punto fuerte y en defensa las piernas daban para mucho más. Ahora todo se ha vuelto más difícil.
Lejos de encontrar motivo de alarma, bueno sería leer con objetividad esta travesía por la que está pasando el equipo. Habiendo alcanzado, con nota muy alta, las tres metas deportivas, como han sido la Copa del Rey, la Final Four europea y los Playoff por el título, habrá que entender que el equipo necesita, ahora, rentabilizar las energías que le van quedando.
Por una parte, el nivel de exigencia es muy elevado, Tanto por los rivales a los que se enfrenta, que son los mejores en las dos competiciones en las que está inmerso, como por la fatiga que va acumulando un equipo que ahora necesita hacer rotaciones más largas en la pista con aquellos jugadores que dan mejores prestaciones. Y eso, como no puede ser de otra manera, desgasta.
Todas las energías están reservadas ahora para esa semifinal europea del próximo viernes. El equipo, en estas últimas tres semanas, ha hecho un trabajo con una sola mirada: Umana Reyer Venezia. Y eso, en Liga Endesa, se ha notado.
Nos acercamos a vivir una semana mágica para nuestra isla, con la paulatina llegada de equipos y aficiones procedentes de Italia, Francia y Turquía. El ambiente festivo está garantizado, el deportivo, seguro que también.
Aspirar a competir al más alto nivel se antoja como premisa para que los nuestros tenga opciones de ser el mejor de esos cuatro. Mucho tendrá que ver el factor público en esa cita, no tanto para dar color a la grada sino más para transmitir esa fuerza y confianza que el equipo va a necesitar para estar a la altura de un grande tal y como la ocasión va a demandar.