Skip to main content Scroll Top

Renovar la fe

Por @beatrizpalmero

Pasan los años y sigo sin formarme una opinión concreta sobre el parón navideño. En general, creo que beneficia más a aquellos equipos en situación negativa que a los que vienen en buena dinámica. Para los primeros, una semana de asueto lejos de los entrenamientos y los compromisos ligueros, supone dar un respiro a la mente, llena de dudas, y renovar los ánimos. Mientras, a los segundos, el parón de dos semanas en la competición puede romper el ritmo que los buenos resultados imponen en el día a día.

Claro que a los equipos que están ni fu ni fa, como el Tenerife, no tengo muy claro como les vienen las fechas navideñas. Yo creo que, en este caso, sirve más bien para que quien limpie la mente sea la afición, que se planta siempre en la primera cita del año como un niño con su juguete nuevo el día de Reyes. Y, claro, luego pasa lo que pasó en Tarragona y nos damos cuenta de que hemos cambiado de hábitos pero que el equipo sigue así, ni chicha ni limoná.

En 2017, más de lo mismo, un equipo muy voluntarioso, que le echa ganas, pero que sigue sin saber a lo que juega y, lo que es peor, que no sabe leer los partidos. Y quizá ahí es donde Martí debería tener más que decir, pero no me pareció lo más inteligente hacer esos cambios que llamamos valientes, esto es, sacar otro delantero a costa de un defensa, cuando el rival te tiene dominado el centro del campo con un jugador menos.

Así que, al final del partido, vuelvo a la reflexión sobre el parón navideño. El Tenerife está a un punto del play off, pero sigue dando esa sensación de que cuando tiene la oportunidad de encaramarse a la zona noble siempre tropieza. Así que me quedo de nuevo con la duda de si las vacaciones sientan bien o mal a los equipos. Al final, voy a acabar decidiéndome por la vía del medio y concluir que sólo supone un descanso para maltrecha mente del aficionado, empeñado en mantener más fe de la que tiene en los Reyes Magos. Quién sabe, el año es largo, y un poco de carbón dulce viene bien para alimentar las esperanzas de que lo mejor sigue por llegar. Y en eso, en la fe del buen aficionado, sí que no hay parón que valga. Siempre está ahí.