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Renovaciones

Por @AleixValero

Suso, Vitolo y Aitor Sanz seguirán siendo, como mínimo por una temporada más, jugadores del CD Tenerife. Es decir, durante el próximo año y medio los tres, y alguno más que se unirá en breve, seguirán siendo parte fundamental del llamado núcleo duro del equipo, del vestuario.

Leo en ese fantástico mundo paralelo, realidad virtual que son las redes sociales, a aficionados a los que no les gusta que se renueve a tres jugadores que cumplirán su sexta, quinta y también sexta campañas seguidas como blanquiazules, y particularmente no salgo de mi asombro.

Se podrá discutir, en mi opinión, el momento de hacer públicas las renovaciones, con el equipo sin terminar de arrancar y por debajo de las expectativas depositadas desde el principio del nuevo curso; ojo, expectativas marcadas desde dentro del propio club, no solo por el ‘entorno’. Pero nadie puede dudar del compromiso, sentimiento, peso específico y significado que aportan los tres y, repito, alguno más para que el Tenerife se haya consolidado en Segunda División después de penar en Segunda B y sea ya un aspirante al ascenso, algo que se dice incluso desde fuera de la isla; el Tenerife se ha ganado el respeto de sus competidores.

Y si durante todos estos años, con estos valores en las distintas plantillas desde el regreso al fútbol profesional, los nuevos fichajes que iban llegando destacaban la acogida que tenían en el grupo, la ascendencia de este tipo de jugadores sobre el resto, lo sano que es, y lo importante que, en cualquier deporte de equipo, es ser precisamente eso, un equipo más que una plantilla, para conseguir los objetivos y sacar el máximo rendimiento, están de sobra justificada las renovaciones.

A estos casos se les unirán los de Dani Hernández y Carlos Ruiz. El Tenerife debe atar a aquellos que, desde el principio, han tenido que sobreponerse a momentos muy complicados, rozando caer de nuevo en el infierno, curtiéndose en lo peor para tirar de una institución que se está armando de razones para volver a la élite, sin perder la perspectiva deportiva. Guste o no, y sea con el entrenador que sea, rozan siempre los 40 partidos jugados por temporada; por algo será ¿no?