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Rematar

Por @rondoscutillas

Montilivi fue el epitafio de la mejor racha del CD Tenerife en el presente curso. El contador se detuvo al llegar a diez y, lo peor, es que la actuación arbitral volvió a tener incidencia en el marcador. Esta vez no fue un gol injustamente anulado a los blanquiazules, como en Córdoba, sino un tanto en claro fuera de juego del Girona el que condenó a los isleños a no disponer de un resultado mejor.

Sé que el análisis no puede quedarse ahí. Y que habría que determinar mejor las causas que impiden que el grupo que dirige José Luis Martí sume de tres en tres y pueda ponerse la etiqueta de ganador muchas más veces en vez de conformarse con la ya ganada como difícil de batir cuando sale del Heliodoro. Lo dejo para otro día para resaltar ahora que los datos, tangibles, dicen que el Tenerife merecía tener en su casillero tres puntos más que ahora (los dos que dejó de sumar en El Arcángel y el que debió acabar conquistando en Girona). Y, obviamente, no es lo mismo ir de aspirante al playoff con los 50 puntos actuales que con 53.

Mañana toca volver a jugar en casa después de un exilio del que regresó con la sensación de tutear a otros dos candidatos al ascenso en su propio feudo, pero con la cruda realidad de haber sacado solo 1 punto de los 6 en disputa. Durante la semana se ha calificado a la cita del Elche como una final y, pese a la hipérbole que supone uno de los tópicos más recurrentes cuando llegan este tipo de decisiones, no comparto el calificativo.

Sobre todo porque el Tenerife, durante esa racha, no abordó ninguno de los encuentros como si se tratase de una final y, especialmente, porque la idea de tener que afrontar cada uno de los seis partidos que restan bajo esa premisa supone un desafío mental al alcance de muy pocos equipos de este país. Sí, apenas justamente de esos tres que todos se están imaginando.

Para llegar al sueño que el Tenerife empezó a perseguir hace diez semanas es ineludible ganar pronto. De lo contrario, la opción sembrada en los últimos dos meses y medio se acabará desvaneciendo y quedará, únicamente, como una ilusión a la que todos nos aferramos con el deseo de no pasar las jornadas finales del torneo sin ningún interés.

Pero para conseguir esas victorias también resulta imprescindible generar peligro. El Tenerife de los últimos choques ha sido un martillo de plástico infantil en ataque. O sea, tan ruidoso como inofensivo. Molesta mucho y hace que el adversario tenga que sudar sangre para tener la pelota pero, cuando llega el momento de noquear, solo produce cosquillas.

La semana pasada llamé la atención sobre el mal momento por el que atraviesa el ‘Choco’ Lozano. El hondureño mantuvo a los blanquiazules a flote durante muchos meses, pero lleva semanas desconocido. No juzgo en estas líneas su puntería, ni su eficacia. Ni siquiera lo que aporta con su fútbol al conjunto del equipo. Voy a la apatía que transmite, especialmente en los encuentros que juega lejos de la isla. Ahí se difumina. Pasa desapercibido y no es trascendente en nada. Percibo desgana justo en el momento en el que debe demostrar que es el principal interesado en que el Tenerife haga el esfuerzo que requiere su continuidad en el club para el próximo curso. Espero que si participa ante el Elche, porque se ha ganado con creces un sitio en el banquillo, salga con más ganas de hacer cosas y muestre el principal activo de un delantero: ganas de mirar la portería adversaria y, sobre todo, de rematar.