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Reflexionemos (8-12-14)

Por @RondosCutillas

Comenzaré este artículo izando la bandera de la libertad de expresión. Como demócrata, primero, y como periodista, después. Creo firmemente que cualquier individuo tiene el derecho a opinar y a manifestar lo que le apetezca siempre que el criterio que defiende no suponga ningún ataque hacia la manera de pensar del que opina de forma contraria. Mantengo que lo heterogéneo enriquece, que la diversidad suma y que, por norma general, no son buenos ni el pensamiento único, ni los rodillos mayoritarios.

El debate me parece algo muy sano y, dependiendo de las personas que participan en el mismo, puede resultarme divertido y hasta didáctico. Pero el fútbol es un deporte de equipo y, como tal, hay que remar en la misma dirección para conseguir los objetivos propuestos. Lo malo es que el tinerfeñismo se ha instalado últimamente en un terreno pantanoso, alejado de cualquier discusión constructiva o discrepancia de criterios. La cofradía de la santa queja blanquiazul lleva demasiados meses inmersa en la guerra civil entre los pro Cervera y los anti Cervera. Y eso, cuando se llega a extremos como el de ayer, ni es sano, ni es bueno, ni resulta constructivo.

Acepto que, a falta de fútbol, el foco esté puesto permanentemente sobre el inquilino del banquillo del Heliodoro pero, esta vez, en uno de los episodios más tristes que recuerdo como aficionado de este club, las iras de una gran parte de los 8.379 espectadores se centraron en silbar el gesto de Vitolo, que tuvo el detalle de dedicarle a su entrenador su primer gol en el estadio desde que viste la camiseta del Tenerife.

Sí. Leen bien. Un jugador fue reprobado por parte de su hinchada por compartir un momento de alegría con su técnico. Algo flipante para el aficionado de cualquier deporte. ¿Se imaginan ayer al Santiago Martín silbando a Beirán si hubiese celebrado su triple al Manresa abrazando a Alejandro Martínez por mucho que el técnico aurinegro caiga antipático a la mayor parte de sus seguidores? No, ¿verdad? Pues eso fue lo que ocurrió ayer. Un detalle triste en un acto de celebración colectiva como debe ser el gol de tu equipo en tu propio estadio. Y sobre todo este año, que los tantos son un bien muy escaso y hasta difícil de ver si no está Ifrán sobre el césped.

Esa censura en forma de silbidos es el reflejo de la desunión que vive la grada este curso. En un bando, a voz en grito, los que consideran a Cervera el responsable de la situación actual del club. Por el otro, los que creemos que, con sus aciertos y errores, el técnico se ha ganado el crédito suficiente desde su llegada al Tenerife como para tener paciencia en una competición en la que nadie está ascendido en diciembre, ni enterrado en enero. Y esa batalla de silbidos y aplausos no es sana, ni buena, ni constructiva.

De lo que ocurrió estrictamente en el partido no hubo demasiado que contar. El Tenerife no fue inferior al Racing. Igual que tampoco lo fue hace una semana al Lugo. Sin embargo, esta vez, los caprichos intangibles del fútbol lo favorecieron con un cabezazo al larguero del Racing devolviendo, de alguna manera, lo que le negaron al disparo de Ricardo León en el Ángel Carro siete días atrás. La cita se resolvió con un penalti indiscutible, premio a la velocidad y el desborde de Suso. Por lo demás, hubo muchísimo trabajo colectivo y un compromiso fuera de toda duda de la plantilla a la hora de querer sacar adelante el partido y revertir la situación actual. Lástima que tanto Rivero como Uli Dávila, las novedades en el once titular, se fueron sustituidos justo cuando mejor estaban tras firmar una actuación de menos a más.

En mi último artículo escribí que el Tenerife había perdido en Lugo por un error de Carlos Abad. Y, para ser justos, digo hoy que su intervención en el disparo previo al gol anulado al Racing es canjeable por el triunfo y supone la salida de los blanquiazules de la zona de descenso. Ojalá que el triunfo sirva, de una vez por todas, para seguir creciendo en resultados y confianza en las próximas jornadas.

Termino estas líneas como empecé. Reitero que entiendo a los que están desencantados con la propuesta futbolística del Tenerife y a los que incluso han incluido en su carta a los Reyes Magos la destitución de Cervera, pero su comportamiento de ayer no beneficia en nada al equipo del que son presuntos seguidores. Ese no es el camino correcto para el Tenerife de sus amores. Reflexionemos.