Por @rondoscutillas
Cierro este largo paréntesis sin escribir justo el día en el que, por fin, se sortea el calendario del curso futbolístico 2018/19. Un vistazo a la parrilla de equipos que compondrá la Segunda División es suficiente como para percatarse de que, posiblemente, estamos ante la de mayor nivel de toda su historia. No sé si en calidad, que eso solo lo dirá el tiempo y las nóminas que sean capaces de reunir los 22 equipos de la competición de aquí al próximo 31 de agosto. Pero sí en pedigrí de los contendientes y, posiblemente, también en emoción.
Varios conjuntos de Segunda superan ampliamente en masa social a un buen puñado de los que disfrutarán el próximo curso del paraíso de Primera. Pero el fútbol no se mide en eso. Sino en goles y en gestión. Y ahí hay varias escuadras que, con trabajo y desde la modestia, han superado en los últimos años una barrera que parecía imposible. Getafe, Éibar, Rayo Vallecano, Girona, Levante, Alavés, Leganés, Valladolid o Huesca conforman casi la mitad de la élite en la máxima categoría. Y son un espejo en el que mirarse y del que aprender cómo hacer las cosas para que el Tenerife construya un proyecto competitivo en temporadas en las que, como esta, la economía no está de su parte precisamente.
El verano es tiempo de dudas. Pero también de certezas. La mejor baza del Tenerife, por ahora, sigue siendo lo que ya había en casa. Han bastado un par de amistosos de pretemporada para certificar que Bryan Acosta y Luis Milla son los dos principales activos blanquiazules. En cualquier caso, también han estado a buen nivel Juan Villar, Paco Montañés y Luis Pérez. Todos ellos deben confirmar que pueden dar un poco más en su segundo año en la isla. Es una tranquilidad. Y también un riesgo. Sobre todo si no se acierta con los refuerzos, a los que aún sí que es demasiado pronto para juzgar.
En cualquier caso, me atrevo con algunas pinceladas sobre las sensaciones que despiertan las únicas dos incorporaciones realizadas por Alfonso Serrano. Iker Undabarrena es un futbolista correcto. Juega sin alardes. Parece un jugador de equipo. Toca fácil. Elige bien la mayor parte de las veces. No se complica. Y colabora activamente en el trabajo de presión al rival en la medular.
Joao Rodríguez es todo lo contrario. Es visual y plástico. Vertical. Eléctrico. Por el momento me parece más efectista que efectivo. Gustará porque es hábil y encara casi siempre a su par. Tiene calidad como para levantar al público de su asiento. Y tengo claro que si supiese concluir mejor lo que inicia, asociarse más a menudo y combinar su aceleración bestial con algo de pausa no estaría aquí, sino en otro sitio de más nivel.
Culmino volviendo al párrafo inicial. Es una vergüenza que el calendario se haya sorteado a menos de un mes de que se inicie la competición. Soy de los que piensa que, al final, tienes que medirte a todos y que da un poco igual el sorteo. Pero admito que me agrada jugar contra dos de los recién descendidos, como Deportivo y Málaga, en las jornadas 3 y 4 por aquello de la teórica ventaja que puede dar el hecho de que aún estarán adaptándose a la categoría.
La única pena es que habrá que seguir esperando para ver al Tenerife en el Heliodoro hasta la visita del conjunto gallego, así que todavía nos queda algo más de un mes para que se produzca, finalmente, el ansiado reencuentro.