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Reduccionismo

Por @beatrizpalmero

El reduccionismo es una forma de interpretar la realidad que entiende que todo lo que ocurre en ella se puede entender estudiando individualmente sus componentes. Según esta corriente filosófica, lo general surge de lo individual, nunca al revés, por lo que la reducción es necesaria y suficiente para alcanzar el conocimiento. Y, aunque a veces, esta forma de pensar nos puede llevar a comprender mejor las piezas que forman el engranaje, en numerosas ocasiones nos lleva a pensar el mecanismo es más simple de lo que verdaderamente es.

Explico todo esto porque muchas veces tengo la sensación de que en el análisis deportivo reina, desde hace tiempo, el reduccionismo. Y, creo que digo una verdad de Perogrullo, el deporte de equipo es demasiado complejo para reducirlo a una simple pieza. En más de una ocasión, en esta misma columna, he intentado explicar, no sé si con éxito, esto mismo. Que las malas dinámicas no podemos achacarlas únicamente a la mala actitud de un futbolista, porque, rara vez, obedecen a este factor. Y que las buenas no responden sólo a un entrenador, una plantilla o una gestión determinada.

Insisto en este argumento porque, tras la balsámica victoria en Lugo, todo se reduce a que sin Luis Milla goleamos y con él nos cuesta más ganar. Si todo fuera tan simple, sentemos a Milla y contemos por goleadas las victorias de nuestro equipo. Y, supongo que estaremos todos de acuerdo, la suplencia de Milla no traerá victorias por cuatro goles sistemáticamente.

Si analizamos ambas victorias, tienen algo en común: el Tenerife se adelantó en el marcador pronto, lo que sin duda da al futbolista más tranquilidad para desarrollar las ideas. En el Carlos Belmonte, se completó un partido perfecto, con una seguridad defensiva innegable y un equipo que mantuvo la batuta del encuentro en todo momento. En Lugo, todo fue bien hasta encajar el primer gol. Ahí, el equipo de López Garai, tal y como sucedió en Ponferrada al encajar el segundo tras el descanso, se diluyó como un azucarillo. Sin el VAR, el partido habría sido muy distinto, con un 2-2 y una segunda parte por jugar. Esta vez, la justicia favoreció a los blanquiazules, que pudieron rearmarse en el vestuario. Pese al resultado, el Tenerife no estuvo tan fino como en Albacete, pero, qué diablos, sin Milla nos va mejor.

En mi opinión, la ausencia de Milla es más una casualidad que una causalidad. Es un factor más a tener en cuenta, no el factor desencadenante. Tal vez habría que pensar que, para contrarrestar a determinados equipos, vienen mejor las características de Alberto en el medio, pero no todos los contrincantes serán iguales ni todos los partidos presentarán las mismas características. Sin embargo, qué le vamos a hacer, somos reduccionistas. Sumar siete de los últimos nueve puntos disputados a domicilio son números a los que no estamos acostumbrados.  Y si hay que buscar un motivo, la ausencia de Milla es el más fácil. No sé cuando hemos llegado a la conclusión de que esta categoría es fácil.