Por @beatrizpalmero
Es ya un tópico decir que el fútbol son dinámicas, pero más que tópico, podríamos decir que es una verdad de Perogrullo, porque constantemente se nos ofrecen ejemplos de que no hay nada más evidente.
El pasado domingo, en el partido ante el Real Valladolid tuvimos un botón de muestra con nombre y apellidos: Luis Milla. El muchacho debutó en la categoría con la solvencia de un veterano o tal vez simplemente lo pareció porque, lo que traía realmente el madrileño, era un soplo de aire fresco. El centrocampista, recién llegado a la isla, aún no ha tenido tiempo de empaparse de la desilusión del entorno, de la presión que sufren sus compañeros por no estar cumpliendo las expectativas, ni de las dudas constantes de su entrenador que sigue tocando teclas sin dar con la que afine el conjunto. Está limpio de malos pensamientos e inseguridades y no carga con el peso de los resultados de los últimos meses.
Sólo basta fijarnos en jugadores como Malbasic, Víctor Casadesús o Juan Villar, que nos parecían mucho más brillantes a principios de temporada. Ahora muchos creen que el serbio no es el cañón que parecía al principio, que el mallorquín no tiene tantas ideas o que el onubense es más frágil que efectivo. Y lo cierto es que no son peores futbolistas, sólo están empapados por la dinámica. Mientras fue buena, les resultaba más fácil brillar. En los últimos dos meses parece que no brilla ningún futbolista blanquiazul.
Casualidad o no, el equipo pareció algo más entonado ante el Valladolid que en anteriores citas. Los jugadores lo percibieron, y ojalá esa percepción se refrende con un buen resultado fuera de casa, porque el grupo necesita confianza… y una buena dinámica para recuperar el brillo.