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El recuerdo imborrable de Quique Medina

Redacción Deporpress | Se cumplen 32 años del ascenso a Primera división del CD Tenerife, en el Benito Villamarín, contra el Real Betis. Uno de los héroes de aquella gesta histórica fue Quique Medina, quien con un pómulo roto firmaba un acto gallardo para levantar hacia la élite al representativo. “Es el mejor recuerdo de mi carrera deportiva”, recordaba durante el pasado aniversario, el actual adjunto a la secretaría técnica blanquiazul.

Semana previa.- “Fue una semana atípica. La gente estaba eufórica, pero nosotros queríamos alejarnos de eso. Sabíamos que íbamos a un campo de Primera, donde la afición era un plus importante para el Betis. Allí, el club y la Selección Española habían logrado hitos importantes. Marchamos con mucha cautela”.

Mensaje del míster.- “Benito Joanet insistió mucho durante la semana en el mismo mensaje: son 180 minutos, no 90. Nada estaba hecho. Había que luchar hasta el último segundo porque sabíamos que tendrían su momento y, si marcaban pronto, podrían hacernos daño con el plus de su afición”.

Jugada de la agresión.- “Poli Rincón –acabó expulsado por doble amarilla- me dio un codazo y me rompió el pómulo. Estuve sufriendo el resto del partido, pero aguanté. Recuerdo muchas patadas a Rommel y otros compañeros que, en cualquier otro partido, habrían terminado en expulsión. Intentamos mantener la puerta a cero durante gran parte del partido. Y lo logramos. Ese 4-1 del cómputo global refleja lo que fue la eliminatoria”.

Bonus extra.- “Queríamos una prima por llegar a la promoción, ya que el club estaba teniendo una taquilla enorme. Y nosotros, como partícipes de ello, queríamos una recompensa por ser parte de esa promoción de ascenso a Primera. Hubo discrepancias, malentendidos y todo se salió de madre. Pero al final, Javier Pérez y el resto de capitanes nos centramos en lo verdaderamente importante”.

Celebración.- “Era una auténtica locura. Cuando pitó, todos los jugadores queríamos abrazarnos, pero a la vez estaba huyendo de todo el mundo para que nadie me tocase la cara, pues me dolía bastante por ese pómulo roto. Se me había pasado el efecto de los calmantes y, dos días después, pasé por quirófano. Una vez llegamos al hotel de Sevilla para cenar, había muchísimos aficionados birrias esperándonos. Fue una locura de fiesta. Y cuando fuimos a aterrizar en Tenerife, el piloto del avión nos dijo que no podía porque la gente había invadido la pista”, describe. Anécdotas que inundan el germen del fervor birria. “Los bomberos sacaban a la gente con el agua. La cola de coches llegaba desde Santa Cruz al aeropuerto del sur. Cuando sientes eso, te preguntas: qué has hecho para provocar esa marea de euforia”.

Su mejor recuerdo.- “Siempre ha habido amor por el ‘Tenerifito’, pero digamos que el germen nace a raíz de ese ascenso. Fue tan multitudinario que no recuerdo haber visto nada igual. Es el mejor recuerdo de toda mi carrera deportiva con diferencia, tanto dentro como fuera del campo. Luego, tuve dos ascensos a Segunda, uno como futbolista y otro como director deportivo, pero como el de 1989 ninguno. Significó muchísimo para el pueblo de Tenerife, pues venía gente de todos lados: Puerto de la Cruz, Las Américas… todos hacia la capital para disfrutar del ‘Tenerifito’. No lo había vivido nunca; y creo que volver a sentir algo tan grande será difícil. Fue el inicio de lo que vendría después. Lo importante fue subir, pero al año siguiente, logramos ese gol in-extremis de Eduardo Ramos para firmar la permanencia. Siempre se dice que cuando uno sube a Primera, lo difícil es mantenerse durante el primer año. Y lo logramos después del 0-0 en el Heliodoro. El ascenso fue el punto de partida para vivir todo eso”.