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Realidad aumentada (12-3-15)

Por @juanjo_ramos

La victoria ante el Leganés confirmó la felicidad que, al menos aparentemente, rodea al CD Tenerife de Raúl Agné. Es este un equipo liberado de la presión clasificatoria, la crispación que rodeaba la figura de su anterior entrenador, el yugo de la exigencia de un fútbol más atractivo y un enrarecido ambiente que daba la condición de local al que, en realidad, debía ejercer como ocasional visitante en el Heliodoro.

Analizado (hasta la saciedad) el Tenerife del pasado, es mejor enfocar bien lo que tenemos ahora delante. La llegada del nuevo técnico ha traído una defensa más adelantada, algo más de combinación en el juego de ataque, un trabajo más visible en las acciones ofensivas de estrategia y la eclosión de una figura antes denostada: Maxi Pérez. Con el Heliodoro empujando (y no hacia el abismo) a sus jugadores, hasta la suerte viene ahora de cara. Ya no hay rebotes que acaban en la portería propia, sino balones que se estrellan en los palos. También han desaparecido (al menos de momento) las decisiones arbitrales perjudiciales.

El rumbo parece haberse enderezado y, amén del extraordinario trabajo de Agné, justo es reconocer otros dos actores intervinientes en el cambio: el honrado grupo de futbolistas que componen la plantilla blanquiazul y la afición, antes irritada y ahora condescendiente. En este último apartado hay dos razones para explicar el giro: la eliminación del (presunto) enemigo y causante de todos los males y una mejoría tan notable en los resultados como contenida, aunque existente, en el juego.

Porque, no nos engañemos, el relevo en el banquillo ha traído más resultados y paz que fútbol (algo lógico por otra parte). Pero el listón de exigencia ya no es el mismo. Por eso, no hay voces discrepantes con la presencia de solo tres tinerfeños en el último once o con el cambio defensivo de la segunda parte ante el Leganés que, si no es por el poste y Dani Hernández, pudo costar el empate hasta en cuatro ocasiones. Elevar estos apuntes a una crítica desmesurada sería tan injusto como obviar que el Tenerife es, en esta nueva etapa, más competitivo que antes. Pero obviarlos y pensar que la perfección se ha instaurado en el club solo nos conduce a engañarnos aumentando la realidad.

Como habrán podido apreciar, no hay un solo argumento en este artículo para defender el trabajo del anterior entrenador. Su estancia es pasado. Aunque el final de la misma la sigan rescatando aquellos que hicieron campaña en su contra para justificar su desnortada y dañina agresividad anterior. Aquellos a los que no les vale con asegurar, como hago en estos líneas, que la mejoría es evidente. Prefieren seguir desvirtuando la realidad. Por eso, para ellos, antes todo era catastrófico y vergonzante. Y ahora hay un Tenerifazo. Ni tan malo entonces ni tan bueno ahora. Pero felizmente más competitivo que en enero y mejor clasificado. A mí me vale.