Por @jf_rojas
Detecto cierto tufillo a injusticia en las últimas noticias de la actualidad del Tenerife. No conozco las interioridades del club, eso a lo que siempre se apela cuando desde fuera las cosas se juzgan absurdas o desacertadas, pero no parece que la salida de Quique se ajuste a los méritos contraídos estos años. No debería ser necesario recordar que Medina llegó al Tenerife en uno de los momentos más bajos de la entidad resolviendo la papeleta del banquillo con inteligencia y tranquilidad. El asunto Ayoze emborronó su tarea en la secretaría técnica pero por lo demás su trayectoria sólo puede considerarse exitosa si convenimos que al menos una cuota de los triunfos del equipo también le pertenecen a él. Quique no sólo trajo al entrenador que ascendió al equipo y luego lo ha mantenido brillantemente sino que además ha sabido construir una buena plantilla desde la escasez de recursos con el valor añadido de tinerfeñizarla hasta extremos desconocidos en décadas.
Se dice que la relación entre Cervera y Quique había alcanzado un punto de no retorno que obligaba al presidente a decidirse por uno u otro. Si realmente es así, es natural que Concepción optara por Cervera. En esta columna ya hemos hablado unas cuantas veces de la dimensión exagerada que se viene concediendo en la Isla a la influencia del entrenador. Para una significativa cantidad de gente todo lo bueno que le ha sucedido al Tenerife estos meses se debe en exclusiva al influjo de Álvaro de modo que el presunto pulso estaba completamente desequilibrado. Bajo la premisa del cerverismo extremo, la esencia del mérito del técnico también tiene que ver con que Cervera ha sabido sacar un rendimiento excelente a una plantilla muy mejorable contratada por Quique. Desde esta perspectiva, la elección entre el capitalizador del éxito o el hombre al que se atribuyen los fracasos no tenía color.
Sea como fuere, la salida de Quique deja un nuevo modelo de gestión deportiva en el que Cervera lo controlará todo. La figura del hombre de club responsable de la parcela deportiva coincidirá y se confundirá con la del entrenador. Escucho que el movimiento se interpreta como una apuesta por la continuidad de un proyecto pero en el fondo a mí me parece un paso en la dirección opuesta. La figura del director deportivo se inventó para dotar a los clubes de estabilidad e identidad propia en la parcela puramente deportiva. Con ella el club garantizaba una determinada sensibilidad futbolística a salvo de los vaivenes de los entrenadores, fugaces por la propia naturaleza del cargo. Ahora el Tenerife se apunta a la nueva moda del entrenador todopoderoso, algo que sería respetable si obedeciera a algo más reflexionado que el simple capricho puntual. Tengo mis sospechas sobre esto aunque la respuesta definitiva la tendremos cuando al equipo no le vaya tan bien.