Fue el 18 de marzo de este año cuando, en una multitudinaria rueda de prensa, Quique Setién anunciaba que no continuaría al frente del vestuario amarillo. No era nada nuevo, simplemente anunciar algo que se venía cociendo en la trastienda de una relación rota entre presidente y entrenador. Setién llegó a Las Palmas como un técnico revolucionario que, con el paso de los meses, se ganaría el cariño y la admiración de todos e hizo olvidar a Paco Herrera, responsable del ascenso poco antes.
Desde la segunda quincena del tercer mes del año hasta ahora, Las Palmas se ha deshecho. Y el principal culpable de esto la tiene su entrenador quien no solo midió mal el momento en el que anunció su marcha sino que, además, en alguna ocasión ha dado más la sensación de poner piedras en el camino del club amarillo que todo lo contrario. Llegó incluso a vacilar, en una rueda de prensa, con la posibilidad de entrenar al equipo rival contra el que había jugado apenas media hora antes. Una falta de respeto a un escudo y una afición en toda regla. A eso hay que sumarle que, ya de vuelta, en vez de apagar los fuegos del vestuario (donde ha dejado de lado el equipo para primar a quien le ha venido en gana), se ha dedicado a meterle más gasolina. En resumen: él y solo él es el único culpable del dolor de una afición y el declive del juego amarillo. Gracias a que suman puntos de sobra, si no, el destino hubiera sido otro.
Y eso influye. Influye en un estado de ánimo, influye en una afición que vio jugar a este equipo de las mil maravillas y ahora se ha destruido e influye hasta en el futuro de Quique Setién. ¿O pensará él que se ha convertido en un héroe del balompié por sacar pecho y anunciar que ya basta de jugar en una isla y ahora él y su ego tienen la posibilidad de entrenar al mismísimo Real Madrid si Florentino se lo propusiera? Las malas formas también descartan a entrenadores y estos barros dejan a las claras que Setién, para un rato está bien pero como entrenador a largo plazo, falla como una escopeta. Por eso el Valencia no lo quiere, porque basta estudiar ahora lo mal que está gestionando el vestuario amarillo como para entender que si entrara en Mestalla haría saltar hasta el murciélago del escudo por los aires.
Cuenta la leyenda que Setién estuvo, alguna vez, en la lista de futuribles para entrenar al Tenerife. Y que si nunca lo logró fue por dos razones: la primera porque Miguel Ángel Ramírez se adelantó y la segunda porque Martí demostró que tenía galones suficientes para la misión que se le encomendó. La última vez que pisó Tenerife fue para abrir la boca y pasarse de inteligente. Luego pasó lo que pasó en esos partidos de verano. Setién se marcha después de haber destruido a la UD Las Palmas. A mi no me hace gracia ninguna. En dos semanas la isla podrá respirar tranquila. Ojalá que el nuevo se comporte de otra manera. Como un señor, al menos.