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¿Querer siempre es poder?

Por Tamara De La Rosa

(www.tamaradelarosapsicologa.es)

Lo cierto es que hoy en día, muchos psicólogos, coach y profesionales de la motivación, no paramos de enviar multitud de mensajes a través de las redes sociales, conferencias e incluso, con nuestros propios pacientes tipo: “Si quieres, puedes”, “Quien quiere hacer algo encuentra el medio y quien no, encuentra escusas” “Querer es poder”, “Quienes pueden, pueden porque piensan que pueden” y lo cierto es que “NO SIEMPRE BASTA CON QUERER«.

Una persona con problemas de vista, nunca podrá ser piloto por mucho que quiera. No nos basta con amar a una persona para que el sentimiento sea correspondido. Imposible que, yo personalmente, llegue a ser el número 1 haciendo mates con mí 1.60 de estatura. Por lo tanto, no siempre querer es poder. No todos somos iguales, ni basta únicamente con proponérnoslo para conseguirlo. No todo en la vida se alcanza con tesón y voluntad incluso, aun teniendo todas las características para conseguirlo. Existen los factores externos ajenos al control de nuestra voluntad, y me atrevo a decir que este tipo de mensajes son incluso peligrosos si no los entendemos bien.

Si una persona tiene instaurada, a nivel inconsciente, la idea o creencia de que “solo basta con querer” para conseguir algo, con frecuencia esa persona se habrá sentido perjudicado por la frustración y seguramente, haya condicionado negativamente la percepción que tiene sobre sí mismo (autoestima), ya que su razonamiento sería: “Si no lo he conseguido es que realmente no me he esforzado lo suficiente, ni tengo disciplina”.

Pero y entonces, ¿por qué los profesionales de la salud mental insistimos tanto en promover esa actitud desafiante hacia nosotros mismos a través de un cambio en el pensamiento repitiéndonos mensajes como “si puedo” con el fin de generar esas emociones que nos inspiren a intentarlo? Pues porque de la misma manera que es una realidad todo lo comentado con anterioridad, también es cierto que con frecuencia, ante determinados sueños o cambios que deseamos, no nos damos la oportunidad de demostrarnos hasta donde somos realmente capaces de llegar. Casi sin pensar, abusamos del “no puedo” de manera automática. Y créanme que nos sorprenderíamos si tan solo lo intentáramos.

Los objetivos, retos o propósitos que nos marquemos han de ser realistas. Que no me gusten las matemáticas, no quiere decir que sea imposible estudiar algo de ciencias. Si tengo poca resistencia física, no quiere decir que nunca pueda participar en un Triatlón. Ahí depende de esfuerzo, constancia y perseverancia. Existen situaciones en donde la distancia entre el querer y el poder se acorta con entrenamiento. O que seas una persona tímida o insegura, no quiere decir que lo tengas que seguir siendo siempre. Para algo existe el aprendizaje de habilidades, cambio de pensamiento y entrenamiento mental. No olvides que también es cuestión biológica, genética, y por tanto ajena a nuestra voluntad.

• No siempre todo sale como nos gustaría. En este punto es importante el papel de la fortaleza mental. Muchísimas veces cuando fallamos en el primer o segundo intento, tiramos la toalla convencidos de no ser capaces de conseguirlo. Debemos aprender habilidades como tolerar la frustración y sobre todo, gestionar esas sensaciones incómodas que nos produce el fracaso para orientarlas hacia buscar otra estrategia en vez de renunciar a lo que deseamos.

• Al esforzarnos por conseguir un reto, puede darse la situación de no conseguirlo. Pero suele pasar que, durante el trayecto, encontremos otros caminos que nos hacen estar en mejor posición que la inicial. Debemos estar atentos a las oportunidades porque a veces el éxito está en bajarse de un tren para subir en otro, con dirección diferente.

El intentarlo y no conseguirlo no tiene porque ser un fracaso. Te has dado la oportunidad de aprender que hay puertas que no tiene sentido abrir, porque no te llevan a ningún lugar. El aprendizaje es un éxito. Aunque parezca contradictorio, es mucho más reconfortable, a largo plazo, saber que algo “ no pudo ser”, a estar toda una vida preguntándote: ¿qué hubiera pasado si lo hubiera intentado?