Como aficionado al Tenerife, admito que asisto con inquietud a la posibilidad del ascenso de Las Palmas. De hecho, no me avergüenza reconocer que si esta tarde veo el partido lo haré con una bufanda imaginaria del Zaragoza al cuello y la tensión de jugarme algo en la eliminatoria. Como muchos aquí, preferiría que los amarillos no subieran a Primera mientras el Tenerife siga en Segunda por una cuestión de pura rivalidad deportiva. Sencillamente, considero que para mi equipo no es bueno que su principal antagonista histórico se encuentre en situación de superioridad. Algo tan elemental que no creo que necesite justificación pese a que a veces parezca lo contrario a juzgar de lo que uno escucha por ahí.
No me gustan los nacionalismos. Ninguno de ellos. Ni el catalán, ni el vasco, ni el canario, ni el español. Detesto las ideologías que encuentran su fundamento en subrayar las diferencias, especialmente cuando la raya se pone en algo tan azaroso y exento de mérito como residir en un sitio determinado. Personalmente prefiero sentirme orgulloso de lo bueno que comparto con los demás, estén más o menos próximos a mi casa. El nacionalismo, excluyente por naturaleza, insiste en el nosotros y en el ellos, condicionando el valor de las cosas al entorno geográfico. Un razonamiento que llevado al deporte conduce por ejemplo a ese habitual reproche de falta de ‘canariedad’ que se maneja contra los que mantenemos argumentos como el de esta columna.
Cualquiera con dos dedos de frente entenderá que no desear el ascenso de la Unión Deportiva está muy lejos de querer el mal para su ciudad o para la isla de Gran Canaria. De hecho, a la inversa, es tan comprensible como natural que el aficionado amarillo llegado el caso tampoco aliente un hipotético éxito del Tenerife que deje a su entidad en un segundo plano. Hablamos de una rivalidad deportiva, muy por encima de fanatismos e insularismos que en, el fondo, no dejan de ser pequeños nacionalismos radicales. No me siento más tinerfeño por el hecho de desear lo mejor para el Zaragoza este noche. Tampoco me siento menos canario por ello. El que interprete otra cosa o bien no entiende nada de deporte o bien lo mezcla todo para salir ganando en otros campos. Que hagan lo que quieran de todas formas. Yo seguiré hablando de fútbol.