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Público

por @juanjo_ramos

Este fútbol es menos fútbol. El negocio se mantiene, aunque a duras penas, y la televisión lo difunde. Pero faltan los aficionados. El verdadero corazón de este deporte. El Consejo Superior de Deportes (CSD), en coordinación con la Federación (RFEF) y LaLiga han decidido que se juegue sin público. La medida, teóricamente provisional para acabar la temporada anterior, se ha alargado sine díe.

Normal hasta ahí, si no fuera porque el deporte no profesional empieza a permitir el acceso de hinchas a sus instalaciones. Así, podría darse la circunstancia de que estadios como Riazor o el Nuevo Arcángel acojan a partir de mediados de octubre a miles de aficionados. Pero los campos de Primera y Segunda sigan vacíos.

En el capítulo de las contradicciones podríamos ir al día a día. A las aglomeraciones en el transporte público, a las terrazas atestadas de gente, a la vuelta al cole con casi una treintena de chiquillos por aula. Todo eso es posible, pero el regreso limitado, ordenado y paulatino del aficionado al fútbol o al baloncesto de élite está vetado.

La explicación es que no hay explicación. LaLiga, que ha elaborado un protocolo exhaustivo y en algunos puntos rozando lo estúpido, no se ha mojado. Presionada por el CSD y la RFEF, señalado su presidente Javier Tebas, ha preferido ir a un acuerdo de mínimos. Pero ya hay presidentes de clubes que empiezan a alzar la voz.

Lo intentó Miguel Ángel Ramírez, demasiado pronto eso sí, y lo utilizaron como ejemplo para que otros no siguieran ese camino. Pero ya canta. Al retorno de los aficionados al fútbol hay que ponerle fecha. Si luego los rebrotes obligan a retrasarla, se retrasa. Pero si no se fija un objetivo nunca se consigue.

Y lo más importante: hay que elaborar ese protocolo que limite el acceso del público al número recomendado, que ordene los accesos y las salidas y que democratice este retorno entre todos los seguidores de un equipo. Si se pudo volver a entrenar y jugar, esto también.

Tampoco tiene mucho sentido la equiparación definitiva del cierre. Es decir: ¿Si en Madrid va mal la evolución de la pandemia, pero en Asturias o Canarias no van tan mal, hay que mantener todos los estadios cerrados hasta que haya vacuna?

P.D. La decisión de limitar el acceso de periodistas a los estadios vulnera, a mi juicio, el derecho a la información. Las circunstancias excepcionales pueden regular el aforo, pero jamás impedir que un medio tenga al menos a un efectivo cubriendo un partido. El derecho de admisión no debe estar por encima del de información.