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Psicosis

Redacción Deporpress | El CD Tenerife convocó a todos los fantasmas de su pasado más desastroso en la tercera jornada. Despertó todas sus pesadillas pretéritas en El Toralín y revivió la psicosis que asola a este equipo en las últimas temporadas cuando le toca jugar lejos del Heliodoro.

Pese a los precedentes, y a que ya lleva encajados la friolera de 8 goles en apenas 3 partidos, el equipo continúa aplicándose en defensa de manera nefasta. Da igual quién se siente en el banquillo o incluso la manera en la que el entrenador decide aplicar su filosofía futbolística a un esquema. Lo que ocurre es que es complicado evolucionar cuando no te tomas en serio tu principal defecto. Y eso es lo que le ha sucedido a los blanquiazules, especialmente, si les toca jugar como visitantes.

El primer tiempo fue el peor de todo el curso. Y, cómo no, la norma diferencial que se cumple a rajatabla fuera de casa fue la que obró las diferencias en el marcador. Malbasic no aprovechó el único error de la zaga de la Ponferradina con 0-0. Pero Yuri, con 37 años a cuestas, sacó los colores a Sipcic en la jugada del primer gol. Y luego a Alberto en el tanto que cerró el partido. El serbio demostró que no se ha recuperado de sus errores ante el Numancia y multiplicó sus pifias. Y el majorero acaba pagando su falta de colmillo al aceptar la invitación al baile dentro del área pequeña que le planteó el punta brasileño.

Con estas facilidades defensivas va a ser casi una utopía que el Tenerife pueda ganar otro partido. Alguien debe frenar esta sangría más pronto que tarde porque, de lo contrario, volveremos a sufrir otra temporada con más lágrimas que sonrisas. Lo peor es que los errores de El Toralín fueron sin exponer tanto como en La Romareda y con casi todo el equipo por detrás del balón.

Aritz López Garai tendrá unos días muy duros por delante. Tendrá que tomar decisiones serias para variar esta debacle defensiva justo en la semana previa al derbi. Vivirá su primera película de terror en la isla porque los choques ante la UD Las Palmas suelen dejar más huella en los que lo viven que un guión de Alfred Hitchcock.