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Proyecto

Por @rondoscutillas

El CD Tenerife tiene futuro. Pase lo que pase en los playoffs, la entidad ya ha desarrollado una idea. La lógica teniendo en cuenta la gran temporada que estamos viviendo, por fin, desde las sensaciones y también con los resultados en la mano. Particularmente no me sorprende que Miguel Concepción, que se ha significado en los últimos años de su mandato por apostar por una línea continuista, siga adelante con ese plan. Ni tampoco que haya encargado la labor de desarrollar la responsabilidad de esa hoja de ruta a José Luis Martí y Alfonso Serrano.

Este binomio, con sus aciertos y sus errores, ha llevado al club a la cota deportiva que todos hubiésemos firmado en agosto de 2016. Y el secreto a voces de sus renovaciones, al que solo faltaba por ponerle el formalismo de una comparecencia pública delante de los flashes, se ha desvelado en el momento idóneo. Nada más conseguir la clasificación matemática para las eliminatorias que dan derecho a luchar por el ascenso. Con tiempo suficiente para evitar distracciones y para que, ocurra lo que ocurra sobre el césped de aquí al próximo 24 de junio, las especulaciones malintencionadas mueran incluso antes de nacer.

Sobra hablar aquí de lo coherente de la continuidad de ambos en sus respectivas responsabilidades. Lo que funciona no se toca. Y, hoy por hoy, el club progresa adecuadamente en la parcela deportiva. El técnico tiene el respeto del vestuario y del entorno tras haber conseguido que el Tenerife compita en el 95% de sus comparecencias de este curso y el director deportivo mejoró lo que ya había con las piezas que adquirió el verano pasado y en el mercado invernal. Es cierto que no todo lo que trajo ha funcionado como debería. Pero, de haberlo hecho, seguramente ayer no estaría renovando por el Tenerife sino de camino a otro club con más caché y recursos económicos.

Tampoco caeré esta semana en hacer las cuentas de la lechera para acabar cuartos, quintos o sextos. Ni en mostrar mis preferencias a la hora de decir cuál es mi rival preferido. Llegar hasta aquí ya es un éxito. Un logro complicado y al alcance de muy pocos. Directamente proporcional a la dificultad del desafío que aguarda a los blanquiazules. Esperemos que sean 4 partidos en 13 días y no 2 en 7 porque eso significará que han llegado hasta la última estación, la que abre de par en par las puertas del paraíso deportivo. Y, de paso, también las de la salvación económica para la entidad después de varios lustros de estrecheces e incluso de peligro real de desaparición.

Este Tenerife es un grupo saludable. Fuerte. Cohesionado. Con potencial. Con soluciones distintas en ataque para dar quebraderos de cabeza a cualquiera de sus rivales. Con una masa social similar o superior a la de sus compañeros de viaje en la fase de ascenso. Y con una isla entera empujando detrás. Dispuesta a llevar a los suyos donde haga falta.

Un playoff son detalles. Casi todos pasan por exprimir las virtudes y desterrar los errores. Por prepararse para sufrir y por rezar para tener esa indispensable pizca de suerte, denominada de los campeones, con los arbitrajes o con los intangibles que acaban decidiendo una eliminatoria. Con todo, el Tenerife ya ha ganado. Ha alcanzado lo que todos queríamos vivir en la Liga durante unos meses imborrables. Y, además, por vez primera en mucho tiempo, tiene más claro que nunca cuál debe ser su modelo deportivo y su proyecto.